domingo, 25 de febrero de 2018

Tarde en la peluquería




Me estoy convirtiendo en una mujer de campo. 




Llevamos varios días encerrados en el pueblo porque tenemos obra en la casa de mis tías y estamos supervisando.



Entre que allí no tenemos internet y las ocupaciones, hemos dejado el blog en suspenso. Pero justo antes de marchar fuimos a hacer una sesión a la peluquería Antonio.


Me ha encantado ver las fotos y retomar el contacto con la sofisticación y la belleza.


Siempre me atrajo el mundo de la peluquería. Ya de pequeña, bajaba encantada con mi madre a la que teníamos en el primer piso del edificio en que vivíamos.


Lala, que se llamaba la dueña, además de vecina, era alguien familiar y cercano con lo que la visita a su salón resultaba algo entrañable.


Mezclados con el olor a laca y a tinte - por cierto, en aquella época apestaba a amoniaco- reviven recuerdos de pequeñas reuniones en que todos nos sentíamos bien.


Algo parecido nos pasó entre la gente de la peluquería Antonio.


Tienen la fórmula para hacerte sentir bien, para convertir un ritual de belleza en un rato distendido y agradable, para hacerte sentir en casa.


Verónica, Marta, Ana, Purina, Covadonga y Toño que nos acompañó para contarnos cosas de los comienzos, fueron la mejor de las compañías. Más tarde se incorporó Esther que es el alma de su instagram.


Más que maquillarnos y peinarnos, hablamos por los codos, nos reímos, jugamos a las mujeres fatales y dejamos que Julián nos inmortalizase en mil poses.


Ellas lucieron melenas y moños. Y yo mi media melena.


 Fueron sobre todo, peinados para ceremonia, con ese toque un poco informal que nos impide sentirnos disfrazadas.


Maquillaje para vernos irresistibles y en mi caso, joyas y pieles para vestir mi traje de fiesta.


¡Qué importante es saber que estás guapa y sobre todo que estás en buenas manos!




Fotos: Julián Herrero


Vestido: Mango.
Collar y pendientes: Alejandra y Pedro Álvarez,
Zapatos: Zara 
Prendedor: H&M 
Reloj ;Michael Kors