domingo, 14 de octubre de 2018

No todo es moda al inicio del otoño




Hace años, recuerdo haber leído una novela del escritor húngaro Lajos Zilahy que se llama “El alma se apaga”



El tema central es la emigración y narra la historia de un compatriota que se fue a América desde su inicial falta de adaptación hasta su posterior triunfo.


Al final de la obra el protagonista se pregunta si mereció la pena todo el esfuerzo cuando comprueba que su “alma” húngara se está apagando.



Hoy me ha venido a la memoria cuando pensaba en el texto que iba a escribir para acompañar las fotos en el blog.



Iba a hablar de moda, de tendencias, del  estampado de animales, de los cuadros, de las botas altas, de los jerseys enormes, pero me di cuenta que no me apetecía.



He pasado de ser casi una adicta a la moda, a limitarme a vestir correctamente y con ropa que me vaya bien.



He vuelto a la comodidad innegable de los camiseros.



A la falta de complicaciones de no tener que combinar colores y estilos.


Y es que encuentro mil cosas más importantes que preocuparme por llevar un vestido- abrigo o estar a la última



Disfruto más con otras como el sol de  estas mañanas de principios de otoño que todavía se anima a calentar.



Es posible que sean los años que van pasando y te haciendo tomar partido por unas cosas más que por otras.



 O seguramente que me estoy volviendo perezosa y disfruto con cosas más sencillas.



El caso es que viendo estas fotos de hace quince días, más que de moda, me apetece escribir sobre disfrutar de la vida. 



Sobre las cosas pequeñas que dan tono y alegría.
Porque  en nada empieza el frío y los días se acortarán  tanto que casi nos dejarán sin tardes.





Y entonces volveremos a hablar de moda y de cómo nos vamos a abrigar 
 
Fotos: Julián Herrero.


Camisola: Zara.
Pantalón: Sfera.
Sandalias: Mary Paz.
Bolso: Ali Express.

domingo, 30 de septiembre de 2018

Como si fuera Mariquita Pérez


  
Cuando mi madre y sus hermanas eran pequeñas las muñecas eran un artículo de auténtico lujo.


Hasta entonces, las que existían eran de trapo, y cuando aparecieron las primeras de aquella mezcla entre escayola, polvos talco y pegamento, denominada cartón piedra, la emoción de las niñas que tuvieron la suerte que les regalaran una, era inmensa.


No me llegaron a explicar cómo fue el recibimiento que tuvo la Gisela que les compraron a ellas.


Por la época en que la crearon y la edad que ellas tenían, ya no eran pequeñas.


Pero la parálisis que dañó la mitad del cerebro de mi tía Fe, convirtiéndola en una niña perpetua, justificaban el gasto que seguro que fue importante.


Yo ya la conocí con muchos años.


Conservaba su vestido azul y blanco y las sandalias de piel al más puro estilo Salvatore Ferragamo.


Y Fe, que recordaba su época andaluza como la mejor de su vida, bautizó a su muñeca con el sevillano nombre de Pastora, Mª de los Reyes.


La muñeca duró en casa años y más años. A mí, acostumbrada a mi Dulcita y luego a las Nancy, me parecía más bien fea, aunque cerrara los ojos y llorara si la movías


 Pero no cabía duda de que era una reliquia y cuando mi amiga Cova Monte y su marido montaron su colección de muñecos antiguos se la regalamos.


Con este vestido, no puedo evitar acordarme de ella.


Aunque es mucho más parecido al de Mariquita Pérez,  con sus clásicas rayas rojas y blancas.


Con él puesto, tengo la sensación de ser una de aquellas muñecas maravillosas que se vestían igual  que sus dueñas. 

Para esta época de principios de otoño, resulta una opción estupenda porque sin llegar a ser gordo, abriga un poco y permite mantener la alegría de los días de verano que acaban de pasar

Fotos: Julián Herrero 



Vestido: Zara (Verano 2018)
Sandalias: Bershka ( Verano 2018)
Bolso: Michael Kors.
Gafas: Ali express
Colección de muñecos antiguos: Quiroga- Monte

viernes, 21 de septiembre de 2018

El poder de un camisero de rayas




Si en lugar de ser un blog, esto fuera una novela empezaría el capítulo diciendo que aquel día parecía que los astros habían decidido confluir


Y que los planetas alineados le daban toda la fuerza y la seguridad del mundo.


Pero como estamos, donde estamos, mejor dejamos las alineaciones para los equipos de fútbol y las confluencias para los encuentros en la tercera fase


Y nos limitamos, (quiero decir me limito, que a fuerza de escribir las resoluciones en plural mayestático, casi parezco a los Papas de antes cuando hablaban en primera persona del plural.)


Pues eso, que me limito a decir que compré este vestido de casualidad y en las rebajas, pero que seguir el impulso de aquella mañana tonta, ha sido todo un acierto.


Porque siendo un camisero normal y corriente. Con una tela tan fina que se mueve con nada. Y un estampado de rayas que no parece nada del otro mundo.


Es ponérmelo y sentirme, como dicen ahora “empoderada”. 

Porque no me digáis que no es para creerse increíble, eso de que el viento juegue con la falda y te haga parecer a Marylin en “ Con faldas y a lo loco”


Aunque, parezca un globo.


Y a pesar de que en lugar de ponerme cara de felicidad, las rachas de aire, se limiten a despeinarme y taparme los ojos. 


Con este vestido me siento en mi propio papel. 


Seria, clásica y arreglada, muy en mi rol de señora de cierta edad  


Y a la vez divertida, sonriente, llena de optimismo y de ganas de vivir.


Con este otoño suave y soleado, de fondo, no hay mejor papel



Fotos: Julián Herrero

Vestido: Zara
Zapatos: Zara
Bolso: Ali Express.
Pendientes: Valeriano (Gijón)


martes, 11 de septiembre de 2018

Rosa de pies a cabeza




Hace años, recuerdo haber leído una novela del escritor húngaro Lajos Zilahy que se llama “El alma se apaga”


El tema central es la emigración y narra la historia de un compatriota del autor, que se fue a América . Va  desde su inicial falta de adaptación hasta su posterior triunfo.


Al final de la obra el protagonista se pregunta si mereció la pena todo el esfuerzo cuando comprueba que su “alma” húngara se está apagando.


Hoy me ha venido a la memoria cuando pensaba en el texto que iba a escribir para acompañar las fotos en el blog.


Iba a hablar de moda, de tendencias, del monocolor, del rosa, de la modernidad de los tacones de metacrilato, pero me di cuenta que no me apetecía.


He pasado de ser casi una adicta a la moda, a limitarme a vestir correctamente y con ropa que me vaya bien.


He vuelto a la comodidad innegable de los camiseros.


A la falta de complicaciones de no tener que combinar colores y estilos.


Y es que encuentro mil cosas más importantes que preocuparme por llevar un vestido- abrigo o estar a la última


Disfruto más con otras como el sol de la tarde que baña los edificios y la playa llenándolos de magia.



La hora del paseo que reúne todo tipo de personas y da ambiente a las calles.


Las risas de los niños y no tan niños que se divierten en las atracciones de las fiestas de Cimadevilla.


El sonido de las olas chocando contra el muro.




Es la despedida del verano, que se esconde perezoso, ante el acortamiento de los días y los cambios de luz.


Y yo me muevo en medio de ella, como si formara parte de la coreografía.


Fotos: Julián Herrero.


Vestido: Tienda local en Oviedo.
Bolso: Ali Express
Zapatos bajos: Bershka
Sandalias tacón metacrilato: Zara