jueves, 30 de octubre de 2014

Minifaldas de ayer y de hoy

Corrían los años sesenta.



En ese momento, en España, las cosas de fuera de nuestras fronteras llegaban con mucho retraso.



Pero a pesar de los condicionamientos, la minifalda no sólo apareció, sino que sentó sus reales en nuestro país y la mayoría de las mujeres la acogieron entusiasmadas.


Recuerdo entre las imágenes de mi niñez, la admiración que me producía que mi madre fuera moderna y se vistiera como las chicas jóvenes.




A pesar de que en aquel momento, ella era joven, a mis ojos de niña me parecía mayor e importante.




Lo último eran aquellos trajes de punto con tapetas, botones y cortes que se parecían a los que sacaban en la tele las cantantes y actrices de moda.



Y las faldas se llevaban tan cortas que dieron lugar a todo tipo de bromas y hasta Manolo Escobar les dedicó una canción.





Mi padre lo encontraba divertidísimo y siempre hacía apuestas con mi madre a propósito de la vecina del primero.



Se trataba de una chica guapísima, de veintipocos años, con un tipo de esos que quitan el hipo, rubia, simpática y con unas piernas estupendas.




Le encantaba la minifalda y la llevaba tan corta que mi padre aseguraba que al subir la primera escalera del portal, a pesar de ser muy pequeña, iba a enseñar las bragas.




Mi madre se reía divertida y le quitaba hierro al asunto diciendo que no era para tanto.



Y nosotros no dejábamos pasar una sola vez de las que coincidíamos en el portal para comprobar si mi padre tenía o no razón.



Desde luego a mí me parecía todo un ejemplo a imitar y como a casi todas mis amigas, la idea de vestir como una majorette, era el prototipo mejor.


Para las más jóvenes que posiblemente no sepan lo que son, las majorettes, eran una atracción de festejos y festivales que consistía en un desfile de jovencitas, casi niñas, vestidas con faldas muy cortas y botas de caña alta, que precedían a las bandas y hacían malabares con una barra de acero cromada que llevaban en la mano.

Así vestida, me he recordado a una de ellas y no dejo de agradecer a  Nicolas Ghesquière en su colección de otoño-invierno para Louis Vuitton, que reviviera la moda de los sesenta porque me siento rejuvenecer con ese estilo de ropa.


Curiosamente a las chicas jóvenes de ahora les parece sosa y aburrida, al menos ese fue el comentario de mi sobrina mayor, cuando su madre le enseñó el vestido que llevo en esta entrada.


Las cosas han cambiado mucho no cabe duda.



Fotos: Julián Herrero.


Vestido: Zara. aquí
Botas: Zara (tienen varios años)
Bolso: H&M aquí
Pulsera: Marita RR del blog ganchillo y alambre

domingo, 26 de octubre de 2014

Blanco roto para un otoño cálido

Hielo, piedra, arena, blanco roto, crudo...


Diferentes formas para nombrar un color que se bambolea entre el blanco, el beige y el gris, sin ser ninguno de los tres.


Un tono claro, pero que sin embargo no llega a pálido, que lo mismo sirve para pleno verano que resulta válido inmersa en los rigores de invierno.


Porque nos hace pensar en mil cosas.


En el matiz que acaban por tener los edificios encalados cuando llevan tiempo sin remozar y el blanco deslumbrante va dejando paso a otro tono más apagado. 
Un color que quiere llamar menos la atención, que quiere hacer juego con la decrepitud de la construcción.


En la nieve que lleva mucho tiempo sobre la tierra y se empieza a mimetizar con ella.


En el color de las casas de piedra en Galicia, donde el granito se torna el elemento rey y la más humilde de las casuchas parece un palacio en miniatura.


En la arena, mezclada con pizarra, que cubre parte de nuestras playas.


En los enormes bloques de hielo, o los no tan enormes, basta con que sean cubitos, rodeando tantas veces el pescado color plata.


En la masa de las pastas cuando aún no ha pasado por el horno.


Me gusta este color y este año tengo verdadera obsesión con él. Tengo la impresión de que está por todas partes y en cuanto lo veo en una prenda me voy corriendo a mirarla.


El conjunto que llevo en estas fotos es ,en parte, una excepción, porque me había cogido el jersey aprovechando que  estaba de oferta, cuando me vio Jorge, uno de los dependientes del Calatrava que tiene fichada y sabe lo que me va.


Yo me iba directa al pantalón en negro porque me parece un básico de esos que conviene tener, cuando me dijo. ¿Por qué no te lo llevas en crudo? Sientan de maravilla y luce más .


Ni siquiera me lo probé en la tienda, calculé la talla a ojo y no me quedó otra que darle la razón, porque el pantalón está muy bien hecho y resulta muy cómodo puesto.


Así que junté pantalón y jersey y les añadí un par de toques en negro brillante. Que con el sol y el calor que nos siguen acompañando parece que apetece matizar el negro con el brillo del charol y del caucho tratado.


Me gusta el conjunto que hace: discreto, pero sin pasarse, que con los años conviene que todo sea con mesura.


Fotos: Julián Herrero

Jersey y pantalón: Zara.
Zapatos: Stradivarius.
Bolso: Mercadillo (The Fontan Shop)
Collar: Primark.



jueves, 23 de octubre de 2014

Adelantarse a la moda


Lo descubrí hace dos años.



Estaba colgado tan solitario en aquella percha que me sentí incapaz de no acudir a su llamada.



Una hechura que parecía impecable y algo que lo hacía totalmente novedoso, me atrajeron como un imán.



Me lo probé. Dí un par de vueltas por la tienda. Me miré en dos espejos diferentes – nunca se sabe y siempre dos mejor que uno- y me lo llevé a casa.


Estaba feliz. Había subido por lo menos un par de puntos en mi autoestima.


Porque estaba convencida. Aquel abrigo sin mangas iba a ser tendencia con toda seguridad.


Lo había visto en varios desfiles y me parecía algo especial, diferente, innovador y quedaba tan, tan bien que iba a ser todo un éxito.


Lo bueno de tener un blog de moda es que cuando tienes algo nuevo y estás entusiasmada, dispones de un escaparate a tu disposición.



Así que lo saqué con un pantalón de estampado corbatero que en aquel momento era la estrella indiscutible de las tendencias de moda.




Lo volví a sacar con jersey flúor y pañuelo al cuello.



Repetí por tercera vez, vestida de amarillo.




En aquel momento no lo llevaba nadie y lo de ser la única por un lado te llena de satisfacción porque te sientes distinta y original, pero siempre te queda la duda de si no te estarás equivocando.



Y resultó que no. Que al cabo de dos años, no hay bloguera de moda medianamente moderna que no tenga una versión más o menos parecida a mi descubrimiento.



En forma de americana, de gabardina sin mangas o por supuesto, como el mío, tipo abrigo son tendencia total.



Vamos que me adelanté.



Pero adelantada o no, mi maxi chaleco me sigue encantando y por eso hoy lo saco por cuarta vez en versión blanco y negro.



No descarto que vuelva a salir. A fin de cuentas lo normal es usar la ropa más de una vez .



Fotos: Julián Herrero.


Maxi chaleco: Zara.
Jersey: Zara.
Pantalón: Mango.
Zapatos: Zara.
Bolso mochila: Parfois.
Collar: Marta EPD

lunes, 20 de octubre de 2014

Con sombrero de ala ancha


Me gusta el aspecto que tengo en las fotos de esta entrada.


Me gusta el sombrero de ala ancha que tapa en parte mi cara y crea un aspecto sereno y meditativo.


Me gustan las botas altas negras, con el pantalón metido por dentro.
Me hacen sentir una especie de mezcla entre Alatriste y un rudo vaquero de película americana de los años 50.


Me gusta el contraste con la limpieza de una camisa blanca.




Y sobre todo me gusta la impresión cálida y envolvente que aporta la manta étnica.


Rodeando mis hombros, enrollada en parte alrededor del cuello, o cayendo indolente sobre mi hombro, crea una sensación de heroína que me hace feliz.


Yo, que crecí con las tardes de fin de semana pobladas por las aventuras y las historias de la familia Cartwright en Bonanza y las reposiciones de las películas de Jhon Wayne, debo tener en el subconsciente la idea de que los héroes son imprescindibles para resolver los problemas.



A caballo y tirando de revólver rápido, con la espada, como en los filmes, o con armas más modernas como la sagacidad, la estrategia y la inteligencia para la vida moderna, a veces me asalta el pensamiento mágico de que pronto llegará un héroe que salvará al mundo.



Y mejor aún, una heroína.



Pido perdón a los hombres por dejarlos en segundo lugar, cuando ellos eran los protagonistas hasta ahora.


Pero quizá el tipo de heroicidad que hace falta para resolver los problemas de nuestra sociedad, sea más para una mujer.



Porque no se trata de brillar, ni de pretender escalar puestos, sino de hacer cosas.



Posiblemente de permanecer en el anonimato, de dar vueltas a las dificultades, de ser capaz de meterse dentro de las situaciones que no van.




Y para eso las mujeres tenemos una experiencia casi ancestral.


Y así, vestida como si fuera a protagonizar un anuncio de Marlboro, tengo la sensación de ser un poco una heroína de andar por casa.




Me paseo tranquilamente disfrutando del sol y de la tarde. 



Una tarde para filosofar y a la vez dejarme llevar un poco.


Y es que determinadas vestimentas parece que marcan y que nos llevan más allá de las meras apariencias







Fotos: Julián Herrero.


Sombrero: DayaDay.
Vaquero y camisa: Primark.
Bolso: Zara.
Botas: Stradivarius.
Manta: Pull&Bear.