lunes, 29 de septiembre de 2014

Del color de la madera sin tratar


Posiblemente muchos de los lectores de este blog no lo recuerden, pero hace años uno de los suelos más utilizado, al menos en el Norte, era la tarima de madera.


En las casas y estancias más elegantes estaba encerada o barnizada de tal modo que dejaba ver la vetas y el color del árbol de que se había sacado.



Pero en muchas otras y sobre todo en los pueblos, la madera se dejaba de su color natural y sin tratar.


Como era muy clara, había que limpiarla a menudo y el proceso era laborioso.


Los útiles: agua, jabón neutro – casi siempre lagarto o chimbo- estropajo, arena y una bayeta.


Por supuesto, también hacía falta un cubo y una plancha de espuma sobre la que arrodillarse.


Con la bayeta bien empapada se mojaba el piso y con el estropajo se extendía el arena que se frotaba hasta arrancar la suciedad.


Si había grasa se añadía el jabón y, una vez quitadas las manchas se aclaraba convenientemente.



Como la madera tardaba mucho en secar, si hacía falta pisar se colocaban encima hojas abiertas de papel de periódico, hasta formar un camino.



Ni que decir tiene que llevaba mucho tiempo, que había que cambiar el agua muchas veces y que era cansadísimo.



Recuerdo perfectamente el color y el olor del estropajo que se compraba en forma de rollo cilíndricos envueltos en papel.



Bueno del estropajo, de la arena, del jabón, una vez mojadado...



Es el mismo color de la gabardina que llevo en las fotos y que me compré en las rebajas de El Corte Inglés.



Amplia, desestructurada, cómoda…


Su forma me recuerda al guardapolvo que se colocaba Agustín, el de la tienda, siempre impecable y correcto al máximo.





Está claro que en cuestión de moda todo está inventado.


Me apeteció ponerla sobre el mono blanco, que ya me habíais visto en esta entrada, aprovechando para enseñar otra forma de llevarlo.
  



Fotos: Julián Herrero.

Gabardina: El Corte Inglés.

Mono: Zara.
Bolso: Stradivarius. 
Pulseras étnicas: Parfois la de dibujos y vendedor ambulante.
Colgante: Mercadillo.
Gafas: Zara

jueves, 25 de septiembre de 2014

Comandante de vuelo


Traje azul marino, botones dorados, unas águilas en la camisa y un adorno que recuerda a las condecoraciones militares.



Es la descripción de mi atuendo de hoy, pero bien podría ser la de un uniforme de aviación.
Y no es mi intención dedicarme al vuelo.


Ya tengo dos pilotos fabulosos en la familia y les dejo a ellos la misión de dejar bien alto el pabellón.


Pero la figura del comandante de vuelo siempre me atrajo.




Por aquello de la deformación profesional, he acudido al Código Aeronáutico para ver como lo define y en su artículo 79 establece que:

«Toda aeronave debe tener a su bordo un piloto habilitado para conducirla, investido de las funciones de comandante. Su designación corresponde al explotador, de quien será representante.
Cuando no exista persona específicamente designada, se presumirá que el piloto al mando es el comandante de la aeronave».


¿Qué técnico, verdad?




Porque si me paro a pensar en las razones de por qué me resulta tan agradable pensar en un piloto aéreo, me acuerdo de la inmensa cantidad de esferas y artilugios que  tiene el panel de mandos de la cabina de un avión.


 Entenderlos y manejar todos me impresiona.


Y la capacidad de enfrentarse a elementos adversos, de tomar decisiones en los momentos complicados, la sangre fría cuando aparecen problemas serios, es algo que siempre me admira.


Hay algo de mezcla de películas y de novelas posiblemente, que me hace ligar su imagen a la de un héroe encarnado por un actor guapo.


 Y no debo ser la única porque hace poco salía como gran noticia que Iberia tiene una mujer comandante de vuelos transoceánicos. La vi en este artículo


Pero si hoy estoy hablando de ellos es porque su uniforme siempre me pareció imponente.


Y supongo que en esa idea quise adaptarlo a las tendencias de este año.


Pantalones culottes – qué feo suena el nombre ¿verdad?- divertidos y cómodos, con su talle alto y su pernera amplia que permite moverse con total libertad.

Americana larga, casi cercana al abrigo, que es la que aporta el aire militar con los botones dorados.


Y por último la camisa blanca con  los bordados que lleva en mi armario varios años, cómoda,  fácil de combinar y a la vez con unas mangas tan infantilonas que me encanta.


Otra vez las sandalias azules. Y para dar un toque femenino un bolso estilo chanel en rojo.



Me parece una buena propuesta para la transición al otoño que no todo va a ser caqui.



 Fotos: Julián Herrero.


Americana, pantalón, gafas y camisa: Zara 
Sandalias: Stradivarius.
Bolso: Cábala (Oviedo)
Collar: Vetusta (Oviedo)

lunes, 22 de septiembre de 2014

Tras los pasos de La Regenta, vestida de la boutique Habana



PRÓLOGO

 Esta entrada marca el inicio de una colaboración con la Boutique Habana de Oviedo de donde son todas las prendas que llevo, incluidos los pendientes y la cartera.

Obedece al deseo que me comentaron muchas de las mujeres de mi edad que ven el blog, de ir más allá de las prendas de grandes cadenas.

En la idea de enseñar ropa de calidad y tratando de dejar atrás la crisis, empezamos  esta nueva sección de colaboraciones en la que seguiré mostrando la moda que se puede encontrar en Oviedo.

La ropa barata tiene la ventaja innegable del precio, pero cuando llevas cosas buenas lo notas tú y lo notan los demás.

Porque nos lo merecemos y porque nos gusta sentirnos guapas, el blog servirá de escaparate a esta parte de la moda asturiana.

La tienda está en la calle Ventura Rodríguez en la Galería exterior del Hotel Reconquista y entrar allí es casi como sentirse Pretty Woman.
 Sin necesidad de recomendación de nadie, te tratan como a una reina y la mayor dificultad que encuentras es la de decidirte.

Ana, su propietaria, siempre dice que tiene cosas para todo tipo de mujer y para cualquier edad.

Lo que hoy os enseño es sólo una pequeña muestra.





Tras los pasos de La Regenta 

Íbamos a hacer esta entrada en un interior, pero en el último momento las cosas se complicaron y tuvimos que cambiar de idea.


Por eso llevo el pelo medio mojado y recogido en una sencilla cola de caballo que con el viento se despeinó.


La idea era que destacaran los pendientes y crear un aire  entre lo moderno del vestido de cuero y lo retro del abrigo de manga francesa.


Algo que pareciera “chic” y elegante para hacer juego con el Oviedo de La Regenta.


Porque estábamos siguiendo sus pasos.


Como si de una moderna Ana Ozores se tratara, una vez más recorro las calles de la antigua Vetusta.


La Corrada del Obispo, la calle San José, el Postigo, la Plaza de la Catedral son testigos mudos de mi transformación.


Y me  dejo llevar con un aire que va desde la altivez y la distancia de quien se sabe bien vestida…


…A la diversión de esa falda corta, de ese cuero verde que Doña Ana sólo hubiera visto bien como vade para el severo escritorio de su marido.


Me siento cómoda con la ropa que llevo y en medio de esas piedras centenarias que me arropan.


Porque hay cosas que necesitan cambiar y adaptarse a los tiempos, pero otras se mantienen a pesar de los vaivenes de las modas, como la calidad y el buen hacer.


Una buena caída, un corte magistral…



… Y una simple tela se convierte en ese abrigo maravilloso de Regenta, de princesa o de mujer moderna que sabe lo que quiere.




Una buena hechura que permite la licencia de llevar un vestido ajustado a pesar de los años, sin resultar exagerada.


Y unos complementos adecuados para convertir las plumas de marabú del cuello sofisticado, en un adorno más.


Este otoño va a ser fabuloso, me digo a mí misma.


Y en esa seguridad sonrío a Julián y a la cámara







Fotos: Julián Herrero.


Vestido:  Nikoletta 
Abrigo: Jota +Ge
Pendientes: Lola Casademunt.
Cartera de mano: