jueves, 29 de mayo de 2014

Manualidades. Tutorial de collares muy sencillo


Siempre me propongo mejorar el blog. Siempre estoy pensando en contenidos posibles que pudieran estar bien y gustaros y siempre tengo mil ideas.


Pero en la práctica, siempre me acabo liando y no hay forma de poner en práctica todo eso que me apetece.


Hay veces como esta semana que entre los mil quehaceres diarios y el tiempo que se empeñó en no acompañar, no hubo forma de sacar fotos.


Así que aprovecho para enseñaros un tutorial de collares.


Es tan simple que casi con las fotos es suficiente para que aprendáis a hacerlos, pero por si acaso explico un poco el paso a paso.



Materiales:
. Cordón de seda – 1 metro.
. Alfileres largos de bisutería.
. Bolas nacaradas grandes..
. Bolas pequeñas plateadas o perladas.
. Anillas.
. Cierres.


Además hacen falta alicates y pegamento.


Se coge un alfiler y se le introduce una bola pequeña para impedir que la grande se escurra por el agujero y acto seguido, se mete la bola grande.


Con la ayuda de los alicates se cierra el alfiler en forma de anilla para meterlo en la anilla grande.




Conviene tener cuidado de dejar el agujero un poco holgado para que pueda moverse dentro de la anilla y no quede rígido.




Se introducen las anillas en el cordón, distribuyéndolas del modo que más nos guste.


Se pegan los cierres al cordón con pegamento instantáneo.


Y ya está el primer modelo de collar, a gusto del consumidor.

 Se puede dejar largo con una especie de piña de bolas en el extremo en forma de colgante único.


O distribuirlas en dos vueltas un poco separadas que creen una apariencia de gargantilla con abalorios.


El otro modelo dorado es aún más simple porque sólo lleva dos bolones grandes con un agujero lo bastante grande como para caber en el cordón.


Se introducen las bolas, se colocan en la posición que más nos guste, se dan dos vueltas al cordón y se le coloca el cierre que ya habremos comprado hecho y que sólo requiere un poco de pegamento.


¿Os han gustado los modelos de este verano? 




Fotos: El capricho de Marqueza.

miércoles, 28 de mayo de 2014

Street Style 100%


Street Style 100%.
Cuando vi este letrero pintado en un escaparate, no me pude sustraer a la tentación de fotografiarlo.
Realmente es el título perfecto para esta sección que cada día me gusta más.





Salir con mi cámara, caminar hacia las zonas que supongo van a estar más concurridas, buscar personas a las que yo crea que no les va a molestar posar y salir en el blog, se ha convertido en una rutina que emprendo cada semana.





Me gusta volver a mirar las calles y las casas de Oviedo, como si fuera la primera vez que las tuviera delante.





Pararme en mis rincones favoritos, darme cuenta de que forman parte de mi historia.





Y luego escuchar lo que me cuentan los modelos a los que abordo.





Ver sus caras de sorpresa, esperar a que se repongan del susto.  Y comprobar que hay a quien le encanta la idea de que la moda no sea patrimonio exclusivo de las revistas o de las calles de las grandes urbes.




A quien simplemente no le importa salir, pero se divierte muchísimo como estas dos señoras tan modernas que ni siquiera les interesaba mirar en la cámara cómo habían quedado, pero que no se podían creer que yo las encontrara interesantes.




Hay quien no se atreve del todo como Isabel que se escuda en la monada de su perra, que posa como si fuera la mismísima perrita Marilín – las de mi edad seguro que se acuerdan de ella.




Y quien se niega en redondo y me manda a su enorme can para recordar que en esta ciudad los perros son ciudadanos de primera.




A veces doy con señoras como la dueña de este bolso, que no se animó a salir, pero me contó que cosió muchos años con Maruja Valtueña que era una de las boutiques de referencia en los años setenta y ochenta.

 Recordaba mil anécdotas y en especial la forma en que se cuidaban las hechuras y los detalles de los acabados.



O como Yolanda que a sus sesenta y ocho años, confesados y lucidos con orgullo, ha vestido a generaciones enteras de niños de la ciudad con un gusto exquisito.
No se sentía a gusto posando y se le nota, pero tiene un estilo personal – que ella califica de extravagante – que a mi me parece digno de aparecer en el street style de la ciudad.





La dueña de estos pies, que tan bien lucen los salones de moda, se atrevió a salir sin medias.





Pero el frío hace acto de presencia de forma intermitente y a pesar del sol y de que nos animamos a sacar alguna prenda de primavera, hace falta taparse, con una manta caída de un lado que aporta estilo.





Con el huskye, encima del vestido con estampado pasley, de esta chica tan mona.




Con el foulard enrollado al cuello, sobre la blusa de estampado de leopardo, como esta señora tan guapa a la que su marido no quiso acompañar en la foto.




Con una gabardina roja de hace mil años, pero que conserva el estilo y la fuerza como si acabara de salir de la tienda.




Con abrigo de terciopelo y botas, sobre el estampado blanco y negro de un pantalón  ultra moderno.



O con gabardina, leggins, foulard y botas, que no tapan la delicadeza y la suavidad de un cuerpo plisado de gasa rosa, llevado con gracia por esta chica de lo más agradable.



Hay quien trata de adaptarse a la nueva estación, capa sobre capa.
Blusa de raso, chaqueta de punto y cazadora de cuero, todo en tonos pálidos con un bolso que aporta estilo y unos zapatos ideales.
Lo de ir a la compra es un detalle anecdótico y la bolsa de Pescados Paco luce en una de sus manos con el mismo garbo y la misma naturalidad con que lleva sus gafas de carey.



Esta señora no se podía creer que me apeteciera hacerle una foto, pero me pareció que más allá del terciopelo de su chaqueta clásica y su pantalón beige había una clase innata que no pasaba desapercibida.




Como esta otra señora que salió de espaldas, pero que luce su buena facha con la soltura de quien lo lleva haciendo toda una vida.




Un conjunto sencillo sin otra detalle llamativo que las rayas de la chaqueta, puede resultar estiloso si quien se lo pone, sabe sacarle partido.




Y como empieza a ser tradición en estas entradas, esta abuela joven, guapa y con un cuerpo estupendo – doy fe que viene a mi gimnasio y no le sobra, ni le falta nada – presume de niña guapa, como no podía ser menos y se queja de que va vestida de cualquier manera, pero me deja que la saque.



Y una madre joven y su hija más joven aún, claro está, que  salieron a la calle el domingo de hace quince días dispuestas a disfrutar del buen tiempo




Y así hemos cubierto otra semana.
A ver si el tiempo se anima y podemos disfrutar de modelos más primaverales que a este paso nos vamos del abrigo y las botas a los tirantes y las sandalias.  



 Fotos: Marqueza. 






lunes, 26 de mayo de 2014

Vestidos camiseros


Cuando alguien se ha criado en un matriarcado, en medio de una madre y tres hermanas solteras y con cuatro tías hermanas de mi padre, todas ellas con fama de vestir bien, se da cuenta de buena parte de sus criterios estéticos y más en cuestión de moda son heredados.




Y aunque con el tiempo fui ampliando el espectro de cosas que me gustaban, siempre tuve claro que toda mujer que quisiera vestir bien tendría que tener en su armario tres prendas básicas: Un traje sastre, bien cortado y mejor sentado; un abrigo de  corte diplomático  y un vestido camisero.




De esas tres  piezas la primera en llegar a mi armario fue  el camisero.


Recuerdo perfectamente aquel vestido de Lacoste  que a principios de los setenta me parecía el colmo de la modernidad.


Rojo, azul marino y blanco, hizo mis delicias mientras me sirvió.


Hasta ese año, al menos en España la firma del cocodrilo había presentado vestidos que eran otra que polos de un solo color,  alargados.



Pero, este mío era completamente diferente. Con una parte trasera y la falda en color azul marino, una pieza grande bajo el pecho en rojo, y el cuello y el canesú en blanco, me parecía un vestido de mayor.


Mi hermana lo tenía igual en amarillo, azul marino y blanco, pero al ser más claro no lo encontraba ni la mitad de adulto.




Fue el vestido estrella de aquel verano y con el que me sentía una mujercita.



Tras él y durante muchos años fui teniendo infinidad de modelos que adaptados a la moda y estilo del momento repetían el mismo patrón.



Con esos antecedentes, no tiene nada de extraño que haya conservado el gusto por los camiseros, ni que cuando vi que se volvían a llevar no saltara de alegría.


El mono blanco de la entrada del lunes pasado y el vestido que llevo en ésta dan fe de este entusiasmo en dos estilos diferentes.


El de hoy es mucho más de trote y me lo imagino perfectamente para las mañanas de verano.
De compras, haciendo recados o para dar un paseo es de esas prendas comodín que se agradecen tanto en los días de calor.


Con esta vuelta del frío, miro las fotos y no puedo evitar sentir cierta añoranza, mientras me pregunto cuando me lo podré volver a poner.



Fotos: Julián Herrero.



Vestido: Zara. Aquí
Chaqueta: Zara.  Similar aquí
Francesitas: Blanco.
Collar: Luxenter.
Pulseras: Vintage