domingo, 30 de marzo de 2014

La hora dorada


Es la hora dorada.





El sol parece cansado de lucir en lo alto y se despide de nosotros en una especie de preludio de anochecer.





Diríase que nos está diciendo que no lo olvidemos, que volverá, que sus rayos no han perdido fuerza, ni vigor; pero que es su hora de retirarse.




Y por eso se viste de anaranjado y se cubre de tintes dorados para pintar cuanto encuentra con un brillo que no dudaríamos en calificar de solar.




Las piedras olvidan su gris habitual, parecen haber adquirido una pátina especial…




El agua estancada, los charcos, las fuentes…, se convierten en espejos, encantadas de jugar a ese juego vespertino que las transforma confieréndoles un aspecto misterioso…




Hasta las hojas de los árboles se quieren sumar a esa mezcla de escondite y despedida y se mueven y se dejan mecer por el viento para volverse brillantes y  charlatanas…




Los cristales de los edificios rivalizan con los metales para emitir mil y un destellos tornasolados…




Y hasta los motores de los coches parecen haberse callado en esa hora especial del final de la tarde que se cuela sin que lo notemos en nuestra retina.





Yo he querido sumarme a ese canto vespertino. Me he dejado impregnar por el embrujo y el misterio de la hora mágica.




Por eso me he vestido de gris, con un conjunto que casi parece un pijama y que encierra toda la comodidad y la relajación del final de la jornada.





Por eso me he calzado mis playeros y me cogido el bolso metálico, para poder correr en pos de los últimos rayos, y para acudir reverente y silenciosa al espectáculo siempre nuevo de la puesta de sol, contribuyendo en parte a ese juego de reflejos.  



Fotos: Julián Herrero.


Trinchera de napa: Blanco (tiene muchos, muchos años)
Pantalón: Zara ( Nueva temporada).
Camiseta: Zara (Rebajas)
Collar: Zara ( Temporada otoño 2013)
Playeros. Tienda local ( Similar aquí)


viernes, 28 de marzo de 2014

Gabardina negra y ropa talar




Hace años tenía una gabardina negra, más bien larga, lisa por completo, con cuello camisero cerrado y cremallera oculta, que me encantaba.





Era la época del minimalismo absoluto, cuando Calvin Klein era el rey de las pasarelas  y el adorno más buscado era un “diamante” colgado de un hilo transparente que parecía pegado al cuello.





Me la ponía en cuanto llegaba el entretiempo, más feliz que una perdiz.
En primavera con ropa clara debajo y en otoño de negro absoluto.







Hasta que un día que estaba dando una vuelta por el mercado del Fontán me encontré con Sor Conchita.





Sor Concha había sido mi maestra de novicias en mi etapa en San Pelayo y siempre nos llevamos muy bien.





Simpática por naturaleza, cariñosa, buena y muy sincera, en cuanto me vio con ella puesta, me dijo:





-Pero, Carmen de mi vida (en realidad ese es mi nombre) Tú, tan elegante siempre 
¿Dónde vas con esa gabardina de monja?





Confieso que, aunque me reí divertida,  el tono era muy cariñoso, y no dejé de pensar en la frase que vino detrás:
-        Cuando canses de ella me la pido.






Me quedó una especie de resquemor.





Resquemor, que casi se convirtió en preocupación,  poco después, el día que una amiga que necesitaba algo oscuro no muy arreglado para llevar no recuerdo donde, se negó a llevarla prestada porque le pareció de cura.




Me desprendí de ella, se la mandé a las monjas y durante mucho tiempo no me atrevía con las trincheras negras, no fuera a ser que me volvieran a decir aquello de me vestía con ropa talar.





Pero cuando el otro día, vi en el escaparate de H&M la que llevo en esta entrada, me di cuenta de que había encontrado el conjuro contra mi miedo a las gabardinas negras.





No me digáis por qué, pero me recordó a René Russo en “El secreto de Thomas Crown” y en las fotos traté de acentuar el aspecto un poco de espía, que tenía el personaje de la película.




No necesito decir que lo pasé en grande, mientras el pobre Julián se peleaba con las luces y fuera caía un chaparrón de los de cuidado.







Fotos: Julián Herrero


Gabardina: H&M 
Zapatos: Zara ( similares aquí)
Bolso: Primark (tiene varios años)
Collar y pulsera: Primark 
Pendientes: Vintage.

miércoles, 26 de marzo de 2014

Remedio para días grises


Hoy ha vuelto a amanecer un día gris.
Llueve y hace viento y frío.


Montse Bassols

Mientras escucho la lluvia repiquetear contra los cristales, siento que necesito evadirme con algo que me haga pensar en días luminosos, en calor y en ganas de moverme.

Michael Kors

Así que me imagino en una playa de aguas cristalinas. 
Con un cielo azul que se confunda con el mar, al final del horizonte.


Hermés



 Una temperatura suave y  una brisa deliciosa que se entremezcle con el sonido de las olas.


Hermès



Me imagino tumbada sobre una hamaca, con  una sombrilla de esas que dejan pasar en parte la luz, pero te protegen de los excesos de los rayos del sol.


Hermès

Con una deliciosa granizada de limón en la mano, una enorme pamela y gafas oscuras. 

Versace



El sitio es lo de menos, lo que importa es esa sensación de estar en medio del mundo y a la vez aislada de todo.


Versace

Un baño refrescante y el paseo de vuelta para envolverte en la suavidad de la felpa de la enorme toalla. 



Juanjo Oliva




Eso sí, con bañador, porque debo ser de las “raras avis” que no usan bikini.



Juanjo Oliva 
No me gusta como me queda y salvo contadas excepciones en sitios donde no me ve nadie y por aquello de que es bueno tomar el sol en la tripa, no me lo pongo.


Lacoste 


Creo que no me importaría llevar alguno de los modelos que salen en las fotos.
 No son los mejores para tomar el sol. Pero convendreis conmigo en que están cargados de “ glamour” y para un rato de ensueño son absolutamente perfectos




Fotos: Vogue 

lunes, 24 de marzo de 2014

Al salir del trabajo


Aquel día no parecía lunes. No es que tuviera la sensación concreta de un día de la semana, pero estaba claro que no tenía nada que ver con rutinas, con trabajo, con obligaciones y con tedio.





El sol había lucido desde bien temprano y la temperatura a esa hora era aún agradable.



Por eso al salir de trabajar me fui a dar una vuelta.




Me apetecía beberme todo aquel sol de última hora que llenaba de brillos las cosas.




Contemplar las sombras de los árboles, de las columnas, de los edificios.





La parte oscura de las cosas, la de atrás, esa que no vemos normalmente porque se esconde.




Quizá el atuendo no fuera el más indicado.
Los altos y elegantes zapatos, el bolso vintage, la americana bien cortada, no encarnaban precisamente la comodidad.




Pero sin embargo el colorido era perfecto.
Blanco y negro. La unión y yuxtaposición de todos los colores y la total ausencia de ellos.



La luminosidad más absoluta, frente a la oscuridad.

La alegría y el luto, La elegancia y la sencillez.





Aunque la primavera empezaba a brillar en todo su esplendor, pronto la oscuridad llenaría todo y apagaría las luces, el frío ocuparía el lugar de la tibieza y no me quedaría más remedio que recordar que aún estamos en marzo.




Pero era el anuncio del buen tiempo, la seguridad de días cálidos, de tardes que se alargan, de conversaciones que se prolongan en las terrazas.





Pronto salir de casa será una necesidad y un placer, me decía a mí misma y en esa seguridad me dediqué a contemplar y soñar.




Disfrutando de ese sol que en Asturias se escondió de nuevo y nos hará esperar tiempo aún, antes de poder olvidar el invierno.





Fotos: Julián Herrrero.




Chaqueta: Zara ( similar aquí)
Falda: Zara (nueva temporada, aquí
Camisa: Primark (sección de hombre)
Zapatos: Zara  (similares aquí)
Gafas de sol: Zara (similares aquí)
Bolso: Vintage.


viernes, 21 de marzo de 2014

Historias de la moda


Madame, la Marquise, se paseaba ensimismada por la orilla del Sena menos concurrida.




No quería que ninguno de los habituales jugadores de la Grenouille la encontrara mientras repasaba mentalmente los preparativos para su próximo salón.



Había invitado nada menos  que a los dos Paul, a Poiret y a Iribe.
 El modisto y el ilustrador de moda que estaban revolucionando con su falda tubular, la forma de vestir de las mujeres, y quería que su reunión fuera todo un éxito.



Por más que se tratara de hablar de ropa, todo el mundo estaba interesado en lo que habían dado en llamar el nuevo invento.



Cuando alguien que no sabía de que se trataba preguntó, inocentemente, de qué se trataba, un simpático le contestó: “la falda de tubo es la falda con límite de velocidad”.



Y es que aquella vestimenta que obligaba a caminar con pequeños pasos, levantaba pasiones y tenía tantos defensores como detractores.



Si alguno de mis invitados me viera por aquí, vestida de hombre con el pantalón que me hizo el couturier para estos paseos, seguro que se escandalizaría tremendamente. Pensó, mientras seguía caminando.



Pero a aquella hora era poco probable que nadie se fijara en ella.




Los remeros estaban  demasiado atareados con sus barcas y los viandantes habituales jamás pasaban antes de mediodía, con lo que podía seguir tranquila.



Su salón era el más concurrido de todo Paris, y protegida por su sombrero de media ala, podía seguir planeando la próxima reunión con calma.



Miraba a un lado y a otro y se reía sola pensando en los comentarios que toda la ciudad haría al día siguiente.



“Mon Dieu” ¡Qué terrible!





En medio de todo, en algo tenía que entretenerse y si los demás lo pasaban bien ¿Por qué no suministrarles algo de qué hablar?




Fotos: Julián Herrero.


Sombrero: Salvador Bachiller.
Abrigo: Zara ( Otoño- Invierno 2013-2014)
Pantalón: H&M ( Del invierno pasado)
Bolso: Zara ( Creo que tiene dos años)
Zapatos: Zara ( De hace tiempo)
Guantes y foulard: Regalo ( tiendas locales)