miércoles, 30 de octubre de 2013

Aura

Juan apagó su tablet y se arrelanó en el sillón.
Su gesto parecía decir a cuantos allí estaban que, por el momento, se había acabado. Hacía un rato había recibido un mensaje de Pedro avisando de que el tráfico estaba fatal y que se retrasaría, con lo que tenía tiempo por delante.



Miró a su alrededor. Se sentía bien en aquella cafetería que, al llegar  la noche, se convertía en un bar musical.
Preparaban el gin- tonic exactamente como a él le gustaba.
Le encantaba aquel ritual. El vaso alto, su ginebra favorita, la tónica, las tres piedras de hielo y la rodaja de limón pasada por el borde para impregnar de sabor la bebida.
Le atraía su decoración en tonos oscuros. La sencillez de líneas, la iluminación tenue, la comodidad de los asientos.
Todo parecía guardar un orden para hacer la estancia más agradable





Después de una jornada laboral agotadora, esta parada obligada para esperar a su socio le estaba viniendo de perlas.

Dejó a un lado la cuestión que iban a tratar y echó un vistazo a los otros clientes. Reconoció algunas caras, sonrió a los conocidos y de pronto la vio.

Estaba sentada junto a la barra, casi de espaldas.
Se notaba perfectamente que estaba esperando a alguien porque su mirada no dejaba de dirigirse cada poco rato a la puerta de entrada.
A pesar de que la iluminación, apenas dejaba entrever su cara, había algo en aquella mujer que resultaba tremendamente atractivo.


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No era la ropa. Aquel abrigo de cuero negro trascendía a las claras que era de una gran firma. Posiblemente, como decía su amiga Anna, sonaba a algo así como una w por el medio.  
Pero, a pesar de sentarle como un guante, no era lo que llamaba la atención.
Había algo indefinido, un magnetismo especial que la rodeaba y la nimbaba haciéndola parecer una diosa.
No podía dejar de mirarla, se preguntaba quien sería y a quien esperaría…


Así se lo encontró Pedro que, con una sonrisa socarrona, en seguida, lo sacó de su ensimismamiento.
-Caramba, no me extraña que te llame la atención, menuda mujer.

Y de inmediato le empezó a contar.
La realidad relegó al olvido aquel momento fugaz. Y sólo días más tarde, cuando, parado en un semáforo, se fijó en el enorme cartel de anuncio, vio otro rostro que le recordaba al de la bella desconocida.







Aura, de Loewe.

No cabía duda, el nombre le iba bien. 


  


lunes, 28 de octubre de 2013

Galería de imágenes




Placer vespertino

Siempre cuento aquello de que este blog es un totum revolutum y que no obedece a  un criterio determinado.


El Parque


Publicamos entradas cuando podemos, hacemos fotos cuando encontramos tiempo en común y no tenemos ni días fijos, ni temas únicos.


El paseo

Me había propuesto formalizar y hacer las cosas con orden y método.
Pero mi forma de ser es un tanto caótica y últimamente el trabajo y mis obligaciones personales apenas me dejan respirar. Con lo que mis buenos propósitos se han quedado en eso.


Otoño I

Tengo las mejores intenciones, unas ideas estupendas y un apoyo incondicional en Julián, pero eso no impide que esta semana no tenga fotos mías para enseñaros.

Otoño II

Así que hoy toca sesión fotográfica.
La selección y los títulos son de Julían. Y las imágenes recogen su forma de mirar nuestra tierra.


Otoño III


El mar, el cielo, las montañas, los árboles y las casas, desde su cámara.


Vertical y horizontal.



La Creación.


El miércoles volvemos con moda


Fotos: Julián Herrero


viernes, 25 de octubre de 2013

Bonnie and Clyde


Joplin, Missouri, año 1933.
Son los primeros días del mes de abril y Bonnie Parker, disfruta junto a Clyde Barrow de unos días de descanso.




Ha dejado de ser la colegiala modosa y aplicada que escribía poemas y preparaba discursos para los políticos locales y se ha convertido en una mujer famosa.





Nadie diría viendo su metro cincuenta de estatura y sus cuarenta y un kilos que esa criatura de aspecto angelical es la integrante femenina de la pareja de forajidos más famosa de la América del momento.





Y menos en estos días en que  los atracos son sólo un proyecto.
Un plan que hay que preparar y diseñar al milímetro para conseguir que no los puedan perseguir en el estado vecino donde piensan refugiarse.




Son días de sol, la temperatura es agradable y han decidido que dar uso a la nueva cámara que acaban de comprar es una buena actividad.




Clic, clic, clic...  Buck, el hermano de Clyde dispara una y otra vez consiguiendo unas imágenes que pasarán a la historia.




Coches magníficos que conviene lucir. Bugatti, Masserati…con su aspecto lujoso y sus capós interminables.
Son las mejores marcas del mercado y es importante poder contar con ellas para poder huir rápidamente tras conseguir el botín.





Y las armas, les encantan a los dos.





- Quieto ahí, Clyde, que voy a apuntarte para la foto.




Empuñando un rifle, con un pie sobre el estribo del coche, apoyada en la parte trasera, Bonnie posa con la soltura de una modelo vestida a la última.

Falda recta, cintura marcada y su legendaria boina.  





La dicha dura poco y perseguidos por la policía dejan atrás la cámara con sus imágenes dentro.

Esas imágenes se difundirán por toda América y a partir de ahí necesitarán usar abrigos y ropas que impidan que los reconozcan.





No parece que su vida haya sido tan romántica como nos la hizo llegar la leyenda.





Los últimos estudios realizados han llegado a la conclusión de que Bonnie nunca llegó a matar a nadie y que su trabajo se limitaba a planificar y esperar en el coche.





 Pero en la mente de todos nosotros siguen vivas las imágenes de la película con Faye Dunaway junto a Warren Beatty empuñando el revólver y a mí me ha gustado recordarlos en esta entrada con mi boina granate y las gafas vintage.





Fotos: Julián Herrero.


Falda :Zara
Bolso: Zara.
Jersey H&M.
Zapatos: Mango.
Collar: Blanco.
Boina y gafas: Vintage.

lunes, 21 de octubre de 2013

Inspiración


Yo creo que casi todos tenemos un personaje, real o ficticio, que en un momento de nuestra vida nos encantó y a quien queríamos parecernos.





Alguien que nos parecía especial y que nos servía de referencia en los momentos de duda.




Uno de mis favoritos era la protagonista de una novela de los años 30 que se llamaba Cristina Guzmán, profesora de idiomas, de la escritora Carmen de Icaza.





A pesar de que en la actualidad, posiblemente, casi nadie la recuerde. En su momento tuvo gran éxito y de hecho la historia se llevó al cine años después.




Yo la leí en mi adolescencia.




Formaba parte de un volumen encuadernado que mi abuela había recogido de las narraciones que se publicaban por entregas en la revista Blanco y Negro. Era lo que entonces se llamaba una novela rosa




Más allá del argumento y del estilo de la historia, me encantaba el carácter y la forma de ser de la protagonista. Su lema: “ La vida sonríe a quien le sonríe” , que ella repetía cada vez que se tenía que enfrentar con un problema o hacer algo que le costaba de manera especial.


Las ilustraciones, mostraban a una chica alta, delgada con un estilo impecable y un aire que para sí hubieran deseado las mejores modelos de la historia.



Cristina, que llenaba las páginas con su sonrisa blanca y su impresionante clase, usaba faldas lápiz como las elegantes de la época.

Y a pesar de ellas, lograba caminar con paso elástico y seguro de mujer moderna.


No sé cómo lo conseguía, porque yo, cada vez que me pongo mi falda nueva - que por cierto se parece muchísimo a las suyas – me convierto en una chica modosa y femenina cien por cien.


Es tan estrecha que sólo puedes dar pasitos cortos, y, tan larga, que exige tacones altos para que se pueda ver un trozo de pierna.


A la vez tiene una hechura tan ajustada, que obliga a meter tripa si no quiero parecer la repetición de barriguitas .


Con esta descripción da la impresión de que es incómoda y hasta rancia, pero a mí me encanta su estilo y por eso me la pongo con ropa que recuerde a la época de la feminidad por excelencia.


Aunque estoy segura de también admite el polo opuesto y quedaría genial con una sudadera y un abrigo de esos enormes. Pero eso lo dejamos para otro día.



Fotos: Julián Herrero.

Falda: Stradivarius.

Camisa: Zara.

Bolso: Zara.

Chaquetón: Zara.

Chaqueta punto: Sfera.

Zapatos: Bershka.

Pendientes: H&M

jueves, 17 de octubre de 2013

Curra Jiménez


Ya lo sé, ya lo sé, ya lo sé.




Soy una exagerada de mucho cuidado y por mucho que lo de Curra M. Jiménez – dejando el primer apellido reducido a una inicial – suene a bandolero televisivo, y que me haya echado la manta encima, tengo tanta pinta de bandolero como la Dama de Elche con sus rodetes.





Pero no me digáis que con el jersey negro corto, los pantalones ajustados y la manta al hombro no recuerdo en parte a uno de los protagonistas de la serie.





Es verdad que no iba a llegar muy lejos subida en 10 centímetros de tacón.










Que me faltarían, por supuesto, el caballo y la cuadrilla.

Y que lo de las gafas de sol, resultaría un anacronismo imperdonable.







Con todo, quiero pensar que me queda algo de esos personajes.
Figuras creadas por el romanticismo popular, que se dedicaban a restablecer la justicia tal y como ellos la entendían.





Gente que protestaba frente a las tropelías y los abusos de los poderosos, que se echaba al monte y desafiaba a quien hiciera falta porque estaba convencida de que su causa era la buena.




 Pese a saber que en la práctica las cosas no eran tan bonitas y  que realmente los bandoleros estaban muy lejos de la imagen agradable que nos presenta





Tengo la sensación  de que posiblemente necesitemos resucitar algún personaje inconformista que nos ayude a salir de esta crisis de valores y nos muestre un ideal al que poder seguir.





 Un ideal que, como mi atuendo de hoy, tenga parte de la flema británica y lleve con naturalidad y clase el imponente estampado Príncipe de Gales.





Y que también lleve consigo la fuerza y la pasión del rojo.





Alguien o algo, que nos haga recordar que en la humanidad hay mil cosas buenas que salvar.






Que entre todos podemos acometer grandes empresas.

 Que la tierra puede ser un lugar maravilloso





Que cada uno de nosotros tiene  un lugar que ocupar y una tarea que acometer.




Y que es importante que no la dejemos de lado, porque  si lo hacemos podemos perder el sentido de vivir



 Fotos: Julián Herrero.


Ropa y collar: Zara
Bolso : DayaDay