domingo, 30 de junio de 2013

Raíces



Como si fuera una vuelta al pasado, como si a través de los recuerdos pudiera revivir las horas de mi infancia y de mi adolescencia.




En la casa familiar que cada verano comprobaba que iba creciendo, que dejaba atrás la infancia primero, la adolescencia después y más tarde la juventud.



Asomada al corredor o contemplando el bosque desde la ventana, tengo esa agradable sensación de reencontrarme con mis raíces.



Es como si las maderas del suelo, o los muebles antiguos escondieran los secretos de mis sueños, cuando encerrada en la galería me pasaba las tardes leyendo novelas rosa mientras fuera las nubes se adueñaban del paisaje.



A veces me parece escuchar el soniquete rítmico de mis pisadas bajando o subiendo las escaleras.









El piso de arriba era mi refugio, donde me entretenía yo sola cada  vez que las tías – las hermanas solteras de mi madre con quien veraneaba-  tenían visita y estaban ocupadas.



Es verdad que también salía y jugaba con el resto de los niños del pueblo, pero aquella casa con sus paredes anchas y robustas, sus vigas al aire y sus habitaciones amuebladas a la inglesa, siempre ejerció sobre mí una especie de fascinación.


Allí no necesito arreglarme, me permito el lujo de no poner tacones, de no pintarme…





Aunque, genio y figura,  no sin mis collares, mis pulseras, las sortijas…



Me siento mucho más yo, en contacto con mi lado sencillo, empapada de naturaleza y envuelta en la tranquilidad de la vida de campo.



Con un vestido que me recuerda los de época y con unas fotos casi sin contraste para conectar con un tiempo que pasó y que a la vez sigue pasando.







Vestido: Zara
Sandalias: Primark.
Bolso:Primark.
Collar: El Capricho de Marqueza




sábado, 29 de junio de 2013

Sábado con Truqui



Antes que nada pediros perdón por el retraso, pero una serie de imprevistos, me impidió publicar la entrada del truqui por la mañana como hubiera correspondido.



Esta vez volvemos a tener un Truqui de Receta.

Sencilla, cómoda, vistosa y muy rica para los amantes de la fruta.


Crema de plátano flambeada.


Ingredientes:

- Plátano.
- Azúcar.
- Kiwi.
- Limón.
-Ron.






Se trocea el plátano y se pasa por la batidora junto con el azúcar, cuando tenga una consistencia cremosa  se reparte en un plato o una fuente adornándola con rodajas de kiwi y rociándola con  zumo de limón para que no se ponga negra.







Cuando se va a servir, se calientan dos cucharadas de ron y se echa por encima, justo antes de llevarlo a la mesa o en la propia reunión, dependiendo de las ganas que tengamos de efectividad se prende fuego al ron y se deja arder hasta que consuma todo el alcohol.





Resulta de lo más vistoso y está muy rico.




Nota: A partir del mes de julio y durante el Verano los Truquis se van de vacaciones. 
Se supone que los sábados en esta época son para disfrutarlos al aire libre y no para estar pegados al ordenador.
En septiembre volvemos con más ideas.

viernes, 28 de junio de 2013

Arena dorada


No sé si le pasará a todo el mundo o sólo es algo personal, pero muchas veces unas cosas se unen a otras y acaban en una cadena que no tiene nada que ver con el impulso original.





Tengo una especial tendencia a irme por las ramas y distraerme de la idea  con la que empecé algo y me pasa en todos los ámbitos de la vida.





Supongo que es aquello que nos decían de que me distraigo con el vuelo de una mosca. Pero es que en cuanto oigo su zumbido empiezo a pensar en algo que tenga que ver y desde el insecticida a mis recuerdos de Ciencias Naturales, cualquier cosa me sirve para emprender un nuevo camino.






Tanta introducción para contar que cuando empecé a ver faldas de tul en los distintos blogs, me entusiasmé.





Yo quería tener una, claro que quería tener una.
 Con la fascinación que los tules ejercieron siempre en mí…
Me recuerdan las bailarinas de ballet, las fiestas elegantes de los años cincuenta, los vestidos de novia, mil cosas que me gustan y me transportan a ambientes agradables.




Y cuando encontré ésta en H&M además a buen precio, no lo dudé y me fui con ella para casa.





Tiene ya dos años y cuando la cogí empezaban a verse las camisas cerradas y los cuellos tipo Peter Pan, con lo que me la probé con una de estilo colegial que me había comprado.
La pinta ñoña y rancia que me vi, fue tan espantosa que la pobre falda se quedó guardada en el armario todo ese invierno.




 Pero cuando se empezaron a poner de nuevo de moda los dorados y el tejido de tipo lamé, me compré primero la chaqueta y más tarde el jersey de manga corta.






Me ponía cada cosa por su lado hasta que un día al ver juntos en el armario jersey y chaqueta, me di cuenta de que pese a no ser iguales, quedaban bastante bien juntos, y me puse a buscarles una parte de abajo que les fuera bien.






Probando y probando, pon y quita, quita y pon, acabé aterrizando en la falda de tul y me gustó la combinación con ella.





Me recuerda los dorados de la arena de la playa cuando a primera hora de la mañana refleja el sol.




Con una luz que todavía no tiene la fuerza suficiente para ser intensa y unos reflejos suaves y cambiantes que se funden con la temperatura agradable.





Momentos en que  el mar pasa a un segundo plano y el paseo descalza dejando que los granos diminutos masajeen mis pies es todo un placer.





En las fotos no se aprecia demasiado. Tuvimos que hacerlas a mediodía y para evitar las sombras en las fotos, nos fuimos precisamente a los sitios umbríos.






Pero el conjunto me recuerda a las vacaciones y me encanta.





Falda: H&M 
Chaqueta y jersey: Zara. Similares aquí
Zapatos: Blanco.
Bolso: Parfois.(invierno 2012-2013)
Gafas: Persol.
Collar: Uterqüe ( de hace años)

  

miércoles, 26 de junio de 2013

Exposición de Pisarro

El  domingo pasado aprovechando que estaba en Madrid, me acerqué hasta el Thyssen a ver la exposición de Camille Pisarro.






Ya cuando era estudiante el color y la fuerza de los impresionistas me encantaban y recuerdo que a mis dieciséis años me moría de ganas  de conocer el Jeu de Paume.















Es cierto que  el domingo no es el mejor dia para ir de Museo, todos los que no podemos ir por semana, aprovechamos los días de fiesta para disfrutar del arte, y si a eso le unimos los visitantes de fuera y una exposición interesante, lo más fácil es que te encuentres con una cola monumental.





















Pero se trataba de aprovechar que estaba allí y me encaminé a la Plaza de Neptuno.
Caminar por el Paseo del Prado aquella mañana de sol me supo a gloria.



























Ver la gente extranjera emocionada recorriendo Madrid, contemplar desde bien temprano las terrazas llenas de animación y bullicio. Sentir la vida de la capital es de esas cosas que repito siempre que puedo porque me parece todo un espectáculo.

































La exposición no me defraudó lo más mínimo.
A pesar de que había bastante gente y de que en el Museo organizan las visitas por grupos cada cuarto de hora, pude disfrutar de los cuadros a mi aire.





Es verdad que a veces necesitaba esperar un rato para poder contemplar las obras a la  distancia que me gusta.
No sé si es por mi presbicia o por el tipo de pincelada abierta del impresionismo, pero me parecía que los cuadros ganaban una barbaridad cuando me alejaba.
Pero pude ver todo con tranquilidad y como me gusta.






















Comprobar entre manchas de color, como la luz blanquecina se filtra entre los árboles del bosque.















Como casi se siente y se oye el ruido del viento meciendo las ramas, el sonido del agua bajo los puentes, el crujir de las ramas secas en invierno quejándose de la helada y la nieve que las rodea. Es de esas cosas que me gusta saborear.



























Disfruto cada instante, me paro, remiro el cuadro, dejo que me diga algo, me fijo los detalles y luego vuelvo al conjunto.
Es casi como una conversación. Como si a través de las imágenes pudiera entender lo que el pintor estaba sintiendo en ese momento.







Pueblos franceses, sencillos, soleados o teñidos de blanco tras una nevada, espacios de tranquilidad, cuando empieza el día, a la hora de la siesta. En los primeros cuadros apenas hay figuras, el pintor está a solas con los paisajes










En la siguiente sala el ambiente se vuelve rural y veraniego. Aparecen huertos, campesinos sembrando o recolectando, mujeres lavando en el río…




























Junto al verde de la hierba y las hojas de los árboles, el amarillo y los ocres de la tierra calcinada por el sol de agosto, gavillas de trigo, paja para guardar en el granero.


































Y Pisarro deja el campo para irse a la ciudad. Paris, Londres, Rouen, Dieppe y El Havre con sus calles llenas de vida de gente, de bullicio, coches de caballos, viandantes, carros, tranvías, barcos.






















La animación  hecha color 

























La niebla de Londres teñida de gris, el siglo XIX desplegado ante mis ojos…





















Y a la salida de nuevo el sol y el calor. Con la retina aun llena de los colores de los cuadros camino hasta La Cibeles y contemplo la Plaza que más me gusta de Madrid.
¡Qué delicia!


  
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