martes, 30 de abril de 2013

Una sesión de fotos complicadina





Yo estaba tan contenta. La primavera me ofrecía la posibilidad de sacar mi ropa de entretiempo. 






Todas esas prendas que sin abrigar demasiado, estorban en cuanto las temperaturas suben.
Abrigos de telas finas que sientan bien y hacen elegante.
Trajes de chaqueta con falda o con pantalón, llenos de ese estilo sin igual de las americanas que favorecen a todo el mundo.
Jerseys finos en colores alegres y llamativos que recuerdan a las flores que pueblan los jardines.
Es la época por excelencia para poner los vaqueros y pantalones de lona. Ni pasas frío, ni te cueces…







Así, prometiéndomelas de lo más feliz, me probé mi pantalón amarillo del año pasado.
Lo había comprado en el final de las rebajas y ni siquiera lo había estrenado con lo que decidí que era el momento de hacer una entrada con él.





De primeras me llevé un cierto chasco. Engordé varios kilos y entre que la moda este año no va tan justa y que el pantalón me queda más bien pequeño, me dije: tengo que volver a hacer ejercicio.

Pero no era nada irremediable, como dice el refrán: Una buena capa todo lo tapa y con poner mi abrigo sin mangas la cosa quedó más o menos solucionada.






Segundo chasco. La mañana que íbamos a hacer las fotos amaneció fría y desapacible, con lo que tuve que poner camiseta bajo el jersey.
El aire que yo quería dar al conjunto, de señorita entre moderna y clásica, no encajaba bien con lo de la camiseta bajo el jersey, pero la alternativa de salir con una cara de frío tremenda me decidió a sacrificar un tanto la estética. La cosa seguía sin ser grave.






Nos fuimos al Calatrava, pero ese día debía haber una convención, con toda la pinta de evento religioso y aquello estaba lleno.

Familias enteras comiéndose el bocata con cara de felicidad, niños vestidos de domingo que jugaban y se perseguían, chicas jovencitas arregladas y montadas sobre sus tacones, mayores que charlaban encantados con sus acompañantes.






Uffff, entre tanta gente lo de sacar fotos resultaba más complicado, los escenarios favoritos estaban ocupados y acabamos por marchar.
Vaya, otro inconveniente.
Pero la cosa seguía siendo llevadera y como de costumbre lo pasamos bien mientras sacábamos las fotos.





Y el último escollo, realmente no lo fue, me reí mucho cuando estando al lado de las Consejerías, Julián se para y me dice que vamos a esperar un segundo a que vuelva a hacer viento porque el abrigo si no se mueve parece una sotana.




Yo que estaba tan entusiasmada con mi compra, que me creía que con él puesta estaba moderna y estilosa, resultaba que parecía un cura de los de antes.
Señor...





Pero después de todo, la sangre no había llegado al río, las fotos salieron más o menos bien y una cosa es la imagen que cada uno tenemos y otra cómo nos ven los demás.
Entre tanto incienso como recibo en el blog, un poco de sensatez de vez en cuando para bajarme los humos, me viene mejor que bien.

domingo, 28 de abril de 2013

Rayas blanco y negro





 ¿Rayas en blanco y negro? Curra, por Dios tú no.
.  Pero ¿Por qué yo no? Si siempre me gustaron.
.  ¿De verdad? Si parecen de traje de presidiario, no me lo puedo explicar. Además las lleva Pepita Pérez y Juanita González y tú no querrás parecerte a ellas ¿verdad?






Con este diálogo en la cabeza, las ganas de una blusa de rayas blanca y negra, casi habían desaparecido. Era como si me hubieran echado una especie de maldición para que no pudiera llevar a gusto el último grito en moda de esta primavera.









Cada vez que las veía en un blog, tenía la sensación de que en cualquier momento iba a aparecer la cadena negra y la bola sujetando uno de los tobillos de la chica y por más que me repetía que me encantaba y la encontraba “divina de la muerte”, no dejaba de pensar en el consejo- conjuro de mi amiga para que no me sumara al ejercito de mujeres “rayadas”






Por más que fuera una majadería, y más si se tiene en cuenta que los presos de la realidad, en España al menos, no llevan uniforme, no lograba decidirme a comprar la camisa que tanto me apetecía.

Hasta que una tarde de esas que te das una vuelta por las tiendas para ver las novedades y matar el tiempo, vi ésta y de golpe me lancé.







Era muy barata, con lo que no corría gran riesgo si me la ponía poco.








Bastó que en lugar de horizontales las rayas fueran verticales para pasar de presidiaria a oficinista.

 Y de paso para no tener nada que ver con Juanita, ni con Pepita que la verdad son muy modernas, pero en el grupo de amigas son siempre la referencia de lo que no se debe hacer o poner.






Y aquí estoy, más contenta que unas pascuas, agarrada a mi carteras guateada y enganchada a uno de mis sueños. 





Pensando que logré salir de la maldición de Pepita y Juanita, pero casi me convierto en Antoñita la Fantástica.





Y es que cuando una blusa lleva encima una maldición tan fea como la que le cayó en gracia a esta pobre, lograr salvarse del sambenito es tarea inútil y hace falta acogerse a algún sortilegio especial para poder salir adelante




Menos mal que algunas veces doy la sorpresa y me convierto en una mujer de recursos. Me olvido de mi inseguridad y me pongo el mundo por montera






Y si además se trata de ropa, me puedo volver del revés y cambiar lo que haga falta para salirme con la mía y conseguir un aspecto determinado.




O sea que Antoñita o Curra: la imaginación al poder


sábado, 27 de abril de 2013

Sábados con truqui V


Ahora que se aproxima el buen tiempo y  aprovechando que para los próximos días anuncian malo, podemos preparar nuestros pies para salir a tomar el aire.





Por los blogs que visito, veo que muchas ya se han animado a poner sandalias, pero para las que aún no lo han hecho, no vendría mal un pequeño truqui para mejorar el aspecto de los pies.





Consiste simplemente en untarse bien todo el pie, insistiendo particularmente en los talones, con vaselina. Sirve cualquiera y cada uno tendrá la suya preferida, el único requisito es no ser tacaño a la hora de embadurnar.




Acto seguido habría que ponerse unos calcetines gordos, tipo los de deporte y dejarlos  varias horas. Yo recomendaría hacerlo antes de acostarse y dormir con ellos puestos.






















Al día siguiente los pies estarán hidratados y con un aspecto estupendo.
 El mismo truqui sirve para las manos cambiando calcetines por guantes.




Y si, como a mí, os matan los zapatos en cuanto empieza el calor, una buena forma de prevenir rozaduras es embadurnar bien los pies en crema y ponerse los zapatos acto seguido.
 La piel del calzado al absorberla, quedará más suave y se adaptará más a nuestro pie. 
Y la crema actuará como barrera frente a la erosión.




Yo suelo llevar una caja pequeña y en cuanto llego a un sitio me voy al cuarto de baño y me unto bien untada la parte que va dentro del zapato.
No es la panacea, pero ayuda bastante 



viernes, 26 de abril de 2013

Yo que me creía...


Cuando ayer, a la vuelta de visitar a mi padre, oigo por detrás que me llaman:
. Carmen, Carmen.
(Lo de Curra es sólo en casa y en el blog) Me quedé sorprendida al ver corriendo tras de mí a Pedro Álvarez.





Para las que sois de Oviedo no necesita más presentación, pero para el resto explico que su padre tenía la joyería con más prestigio de la ciudad y él tiene otra muy cerca de mi casa, con unos escaparates que me atraen como imanes.






Quería invitarme a la presentación que iban a hacer acto seguido en el Hotel Barceló, de las joyas que habían diseñado para ellos.

Ni que decir tiene que me sentí : fashion, glamourosa, chic  y cuantos calificativos en otro idioma – que es lo propio de un blog “tan internacional” como éste os podáis imaginar.







Pensé, esta semana voy más que servida de acontecimientos sociales: esta presentación, mañana la cena benéfica de la Asociación contra el cáncer y el sábado fiesta en la Residencia de mi padre que celebran Nuestra Señora de Montserrat.
 Vamos, casi una mujer de mundo.





























Me compuse, saqué las “joyas” que le había comprado a él, mi recién incorporado bolso “ vintage” – otro día os cuento su historia – y me vestí para la ocasión.
Abrigo de verano gris perla, vestido blanco con la parte de arriba transparente – lo saqué en una entrada que se llamaba Tras de mí, una ventana– y mis zapatos plateados nuevos.
Con la cámara colgada al hombro, tenía la sensación de ser una versión local  de Garance Doré.




Pero sí,sí… De eso nada. 
Julián no estaba en Oviedo, ni podía venir y con las prisas no llamé a ninguna amiga para que me acompañara, así que impecable y pimpante, pero más sola que la sota de copas en aquella reunión tan peripuesta.






Pedro estuvo tan encantador como de costumbre,  y su hija Alejandra tres cuartos de lo mismo.

Me explicó el diseño del collar que es una reproducción cortada de una de las columnas del hotel realizada en plata y adornada con perlas que va colgada de dos hileras de piedras semipreciosas azul marino.





Los gemelos de plata, representan la parte de arriba de la columna, también cortada, en una pieza sencilla y masculina.

Se trata de regalos  que hace el Hotel a los clientes que hacen un número concreto entre los de ese año. Y me pareció un detalle precioso





El ambiente estaba iluminado desde el suelo con luces azulonas que iban muy bien con el diseño vanguardista de la decoración del Hotel y el cóctel tenía una pinta estupenda. Pero yo me sentía como un pulpo en un garaje.

Me entró un ataque de vergüenza espantoso y una vez que dejé a Pedro atendiendo a sus clientes, hice cuatro fotos y me marché a toda prisa.






Estaba tan azotada que ni siquiera atiné a sacar nada decente del ambiente, así que cuando volvía para casa riéndome de mí misma y de mis ínfulas de mujer elegante, pensé: mañana lo cuento en el blog y eso hago.






Ya veis, mucha pose, mucha ropa, pero en cuanto me salgo de mi ambiente me pierdo como si fuera una quinceañera.   

jueves, 25 de abril de 2013

Cosas que pasan



Se había acostumbrado a ver la imagen de la crisis en los locales cerrados.





A pesar de ser céntrica, su calle estaba surcada de escaparates tapados con papel de estraza o unos cuantos brochazos y en los que campaba con aire de importancia el cartel de una agencia que decía que se alquila o se vende.
Le parecía una imagen normal.



























Sabía que en los del primer tramo el cartel duraría poco tiempo y que en cuestión de uno, a lo sumo dos meses se instalaría otro negocio que a lo mejor  tenía fortuna y se mantenía.


























También sabía que la calle transversal que tanto le gustaba recorrer para mirar sus escaparates, ya no era lo mismo.





A pesar del innegable lujo de las tres joyerías, que seguían atrayendo con sus brillos y su decoración exquisita. Las lunas tapadas y las letras arrancadas de las “boutiques” que habían estado allí parecían reclamar una atención, que casi se convertía en luto por la ausencia.







































Pero el cierre del Yuppi de la Avenida de Galicia, le dio verdadera pena. Le pareció un golpe bajo del destino.





No sabría explicar el por qué. O realmente sí lo sabía.
 Eran muchos recuerdos guardados en medio de aquella decoración en escay naranja mezclado con cuadros y motivos tiroleses.


Veintiséis años es mucho tiempo, cambian muchas cosas, la moda va y viene muchas veces.

Pero aquél sitio tenía algo especial.






Fueron muchas tardes de confidencias, de contarse amores y desamores. Tardes que empezaban a las ocho y a veces se prolongaban tiempo y tiempo porque había tanto que explicar.

Mañanas de aperitivos, sonriendo a diestro y siniestro, encontrando mil caras conocidas.
El grupo de las señoras mayores, que te preguntaban por la familia, el de los jubilados del Juzgado a la hora del café compartiendo charlas y noticias con sus antiguos compañeros. 

Las parejas que venían a los sofás corridos a contarse todo lo que se querían mientras devoraban una hamburguesa o un sandwich  con muchas patatas.

































Y a la entrada la tienda de emergencia, pionera a la hora de vender pan caliente los domingos. 
Cuantas colas le había tocado guardar mientras aprovechaba para echar un vistazo a las revistas de las estanterías de al lado.





Últimamente iba muy poco, realmente salvo algún café de media mañana y alguna visita al kiosco, apenas había puesto allí los pies.




Pero ver aquella persiana echada y el cartel que anunciaba el cierre le había tocado la fibra sensible.




Y el saber que pronto abrirían otra cafetería allí, no cambiaba la sensación. Era como se le hubieran borrado un trozo de vida.

Por eso miraba melancólica aquella fachada medio iluminada por el sol para tratar de retenerla en su memoria. Consciente de que una parte de la historia reciente de su ciudad se terminaba con aquel cierre.  



Nota: Parte de las fotos han sido sacadas de internet y no son propias, en ningún momento pretendo violar la Ley de Propiedad Intelectual por lo que si están protegidas y a su dueño le molesta que aparezcan en el blog, las retiraré en cuanto me lo pida.