miércoles, 30 de enero de 2013

Con vaqueros, en torno a una cámara


Cuando vi las fotos que acababa de mandarme Julián, me asaltó una duda:
     ¿Será posible que no haya hecho ninguna entrada con vaqueros?







Y me puse a revisar una a una las 133 – ya van siendo unas cuantas- para comprobar. Y sí, tengo varias con “jeans”






La mayoría son con pantalones de colores vivos en verano.

Y las dos únicas en que llevo vaqueros, vaqueros son: en una de las primeras que se llamaba Caramelo claro,  unos desteñidos casi blancos, y en la del encuentro de bloggers en Santander que casi no se me ven.





Y el caso es que tengo varios. Pero no sé por qué, no los suelo sacar en el blog.






Posiblemente se trate de que las entradas que más gustan es cuando me visto de señora, con vestidos elegantes y ropa arreglada.







 Tengo una amiga que sostiene que las mujeres a partir de los cincuenta, sólo los deberían poner para ir de excursión, pero a mí me gustan y me parece que pueden ponerse perfectamente por la ciudad siempre que no sirvan de justificación para ir hecha una facha.






Y me parece que un blog no tiene que reflejar sólo los momentos espléndidos y  perfectos, en que nos arreglamos para la cámara, sino también los días normales en que  nos vestimos para salir a la calle.






En estas fotos estreno botines. Son un regalo del sorteo de Carmen de Moments of woman que llevaba un cheque de Mango por valor de cincuenta euros.







Me encanta su color rojo intenso y las costuras que separan los dos tipos de piel y que los hacen parecer de auténtico cowboy.






En torno a una cámara antigua, mirándola como si fuera una niña a quien encerraron en un cuarto sin otro entretenimiento que contemplar y tratar de jugar con algo que “ no se toca”,  las fotos quedaron simpáticas.






domingo, 27 de enero de 2013

Uniforme



Las notas de una Cantata de Bach se difunden por el aire, de la mano de Radio clásica, en esta última hora de domingo.
Las voces de los cantantes se unen en un coro en el que a veces se alternan y otras se unen en esa forma especial que sólo el genio alemán sabe hacer.




Me gusta este fondo como colofón de la semana. Es una especie de llamada a la calma, a disfrutar de nuestro entorno más inmediato, a sentir la calidez del hogar y la suerte de haber disfrutado de un tiempo de descanso.


Después de la tregua del sábado, en Asturias volvió a llover y a hacer frío, con lo que el día de fiesta transcurrió tranquilamente en casa, entre charlas y sobremesa familiar. Y cuando toca ponerme a redactar el texto, me dejo llevar por ese ritmo pausado, mientras Julián elige las fotos.




En estos días en que  la meteorología se empeña en ir por su cuenta, no nos quedan demasiadas opciones si queremos llevarle la contraria.

Pero como no siempre se va a salir con la suya a veces le plantamos cara y en desafío desigual luchamos contra los elementos.






Y para esas ocasiones las mujeres más o menos cercanas a la madurez nos hemos inventado una especie de uniforme.




En cuanto empieza este tiempo las calles empiezan a llenarse de impermeables negros.
Más o menos largos. Más o menos gordos. Con cuello de piel, o enteros de nylon, pero abrigados,  ligeros y cómodos.







Da lo mismo que sea Nueva York, que Ámsterdam o Madrid. En grandes capitales o en sitios más pequeños todas nos unimos para  colocarnos esta prenda universal.






La forma de acomodarlo de cada una depende de sus  gustos y del día.
 A veces toca ir entera de negro con pantalón y botines, otras  y, gracias a las katuiskas, le metemos una pizca de color combinando con bufandas y foulards,  añadiéndole gorros de agua, de punto, de fieltro o en mi caso de terciopelo. Pero todas parecidas y todas a la moda.




Es curioso, porque más que una tendencia marcada por creadores o personajes relacionados con la moda, es una decisión practica que tomamos las mujeres de medio mundo para sentirnos cómodas cuando llegan el frío y la lluvia  y las cosas que se imponen por la lógica y sin injerencias externas me encantan.







FOTOGRAFIAS


                  “ ¿Triunfará la luz?”



Cuando la oscuridad se cierne sobre el horizonte, cuando las nubes cierran filas y se reflejan en el mar,


Cuando, incluso la tierra parece estar sumergida en esa ausencia,

Sólo la imagen lejana de la luz que baña la otra orilla, nos deja un resquicio de esperanza.

Nuestra pregunta refleja el temor que nos asola,
Pero la esperanza surge como una llama y nos invita a confiar  







             "El adiós de los colores"





Llega el final del día,


Las últimas horas de la tarde se deslizan perezosas cerca del mar y juegan con las olas y la arena.

El horizonte se confunde con el océano y todo se torna mágico y maravilloso.

Los colores se alían en una especie de sinfonía que se repite cada anochecer para recordarnos su poder especial y su capacidad de transformar.

Somos parte de un mundo único, no te olvides, porque aunque la oscuridad se acerque, mañana volveremos y te alegraremos la vida




                  "Comenzar otro año"





Otro año,  o tal vez otra semana,  o incluso otro lunes.

Todo comienzo tiene algo de aventura, de creación de hoja en blanco.

Comenzar, estrenar, sentirse especial, con poder y con ilusión.

Disfrutar del regalo de un nuevo día y soñar…

Porque como decía Calderón de la Barca.

“Que toda la vida es sueño y los sueños, sueños son”

viernes, 25 de enero de 2013

Contrastes


No sé hacer fotos.
Tiro en automático con una cámara compacta que tiene bastantes años y sale, lo que sale.






Pero en  la  tarde de ayer todos los comentarios que encontraba por los distintos blogs hablaban de la tristeza del invierno, de los días grises, del frío que atenaza y la lluvia que disipa.

Con esa sensación impresa en la mente, entré en la cocina de mi casa y al mirar por la ventana, me encontré con el panorama que os enseño.






La luz empezaba a declinar, las calles se iban ensombreciendo y los colores se distinguían ya mal. La línea de las cubiertas y los edificios se recortaba sobre el horizonte, tapada por la colina del Monte Naranco. 
Sobre la oscuridad que iba cubriendo la ciudad, el cielo cambiaba de color.



A toda prisa me fui por la máquina y salí a la terraza volando, para captar esos colores que empiezan a teñir de esperanza los días.

La Candelaria está a la vuelta de la esquina y esa sinfonía de tonos pálidos me supo a espaldarazo, a esa palmada que te anima y te reconforta  cuando te sientes bajo y no sabes hacia donde mirar.



En medio de los nubarrones grises se había  abierto un claro, de un azul tan pálido que casi parecía blanco.

Y atravesando ese cielo limpio y diáfano, los matices del plata y el rosa se habían enseñoreado del horizonte.

Por encima de los tejados, sobrevolando, olvidando los desconchones de las paredes y la vejez de muchos de las edificios, la luz hablaba:

Nunca llovió que no parara, parecía repetir.




Así que, mecida por esta esperanza os dejo esta entrada que no es de moda,  ni de tendencias, que no tiene fotos buenas porque  las que saco,  ni siquiera reflejan mínimamente lo que quiero,  pero  que quiere transmitir ilusión y vida .

miércoles, 23 de enero de 2013

Entre torera y rockera




Estas últimas semanas tengo la cabeza como una olla de grillos.


Barajo y descarto ideas sobre cosas que quiero hacer y sobre el futuro, sin llegar a ninguna conclusión.


Me apetece cambiar, no sólo me apetece, sino que necesito cambiar.

Empiezo a ver demasiada gente a mi alrededor que están pagando con enfermedades las tensiones y la preocupación de salir adelante en esta vorágine de sociedad que tenemos y no quiero engrosar la lista.



Pero los cambios son complicados, dan pereza, obligan a esfuerzos importantes y sobre todo resultan incomprensibles para los que te rodean, que no entienden por qué no sigue todo igual.



Cada día me lleno de buenos propósitos, me digo que voy a hacer… pero basta una llamada de teléfono o un imprevisto cualquiera para que todo se quede en buenas intenciones.




Y me enfado conmigo misma, y me canso y me riño.

Lo de: no puede ser, de verdad que no puede ser. Es mi cantinela favorita, pero las cosas siguen deslizándose.





Hasta que un día saco mi lado rebelde y me planto en un gesto que no se sabe si es rockero o torero, pero que da la impresión de que me como el mundo.





Y en ese momento, soy capaz de todo y empiezo a hacer planes como una loca.

No son planes muy ambiciosos, con lo que sé que algún día no muy lejano se harán realidad.





Por eso no me importan las arrugas, ni los kilos que se empiezan a notar en las cartucheras – ahora mismo me voy para la  piscina para luchar contra ellas, pero suena muy bien- No importa que el conjunto de esta entrada no encaje en mi estilo habitual.




Lo que de verdad importa es que empiezo a moverme, que me salgo del sota caballo y rey y que el primer paso está dado.





Plantas
La camelia está tan emocionada que hasta se la ha saltado una lágrima.
Lejos del gris, de los rigores del invierno, de las heladas que amenazan con matarla cada noche, ha logrado ser la armoniosa flor de siempre.
En medio de los árboles desnudos, del jardín, medio desolado, luce su color de rosa con el orgullo propio de quien se sabe perfecto y en su sitio.

Pero el haber atrapado la mirada de un fotógrafo. El ser protagonista absoluta de un primer plano le ha arrancado esa gota que se posa delicadamente en uno de los pétalos






El estanque aún es otoñal.

Las hojas secas que se  fueron cayendo los días de atrás, se han instalado en el fondo.

 Se han revestido de polvo y de lodo para mimetizarse con el ambiente. Casi cuesta reconocerlas entre los matices del gris.

Pero alguna rezagada, que flota sobre la superficie, aún conserva el dorado de cuando cayó del árbol y se anima a reflejar el sol.

 Color y contrastes en una naturaleza dormida

Dicen los modistos que se inspiran en la naturaleza para crear trajes nuevos.

Viendo las hojas de esta enredadera, rosas, verdes, anaranjadas, grises, tengo la sensación de que superan cualquier tela. Que se han mezclado en una paleta imposible de copiar.

Y me recuerdan que la primavera no está tan lejos y que volveré a asistir a la explosión de la vida    

domingo, 20 de enero de 2013

Comics




Cuando Julián vio por primera vez este vestido me dijo:

Vas con los colores del Capitán Trueno.

Con lo que yo de inmediato le coloqué el cinturón, el collar y el bolso para evitar cualquier equívoco.

Pero me gustó la idea para el texto de la entrada.




El Capitán Trueno, Golliat, Quintín y Sigrid son personajes que recuerdo con especial cariño, junto con el resto de los protagonistas de los tebeos de cuando era pequeña.




Me encantaba leer sus aventuras, comprobar que siempre eran más listos y más valientes que los malvados que querían hacerse con el poder y dominar para llevar a cabo sus tropelías.



Aquellos hombres vestidos con túnicas, con su espada al cinto y sus  ademanes bruscos, me parecían unos héroes impresionantes.





Viajar, luchar, defender, disfrutar, salir indemne de todos los peligros y cuando algo se torcía y recibían algún garrotazo inesperado, saber que iba a tener los cuidados de Sigrid, resultaba una garantía de diversión y buenos ratos.




Sus aventuras luchando contra el mal y haciendo triunfar la justicia me marcaron y aún a día de hoy, siguen presentes en mi subconsciente, llevándome a rebelarme frente a lo que creo que está mal.



Me hace ilusión recordarlo, sentirme parte de esa generación que crecimos leyendo tebeos y comics y que, posiblemente por eso, seguimos manteniendo el gusto por el papel y las historias con final feliz.




Algo pasa con blogger que no me deja poner el texto sin un borde blanco, llevo toda la tarde intentando quitarlo, pero no soy capaz.


Este vestido es una de las cosas que me compré en Mango con el cheque de 50 euros que me tocó en el sorteo del blog de Carmen http://momentsofwoman.blogspot.com.es/
Me hizo mucha ilusión y desde aquí le doy las gracias por el premio.



IMÁGENES






Los rayos de luz que penetran por los huecos de la Catedral de Santiago, se despliegan en haces y partículas de forma que casi se materializan.





En medio de la oscuridad la fuerte soga, destinada a sujetar el botafumeiro, se enrolla alrededor de la granada donde se engarza.
Negro y dorado  que permiten intuir los fuertes virajes del instrumento secular.
Cuando se haga la luz los peregrinos volverán a ver las increíbles  oscilaciones del incensario por excelencia.


Tras la lluvia y el frío, el parque desierto presenta un aire de total desolación.
Ni siquiera los bancos parecen servir para sentarse.
En medio de los charcos la senda brillante serpentea y avanza en una cuesta que entronca con otros caminos.
Llegarán de nuevo los días de sol y la gente vendrá de nuevo, pero el  suelo de charol que refleja el cielo ya no será el mismo.




Efecto óptico en el paseo de San Lorenzo.
El agua del mar sube por la cuesta y azota sobre el muro de piedra.
Es un día de lluvia y las olas no se conforman con alternarse sobre la playa.
Es como si llamaran con fuerza a las gotas de agua dulce que cae del cielo. Como si se quisieran unir a ellas y cambiar la tierra firme en un territorio de su propiedad.
Efecto espejo, con la simetría rota en una sucesión de barandillas y farolas   


martes, 15 de enero de 2013

De nones.




Hay días, momentos, temporadas en que con razón o sin ella estás “de nones”.
Nada te apetece, las cosas habituales te cuestan mucho más de la cuenta y la vida te parece un sinfín de despropósitos que no sabes cómo salvar.
Sigues, porque hay que seguir.
Porque el mundo no se detiene por más que tú estés desganado.
Porque las cosas no se hacen solas.
Y porque tu sentido de la responsabilidad está por encima, y muy por encima de toda la pereza y el cansancio.

Pero si te dejaras llevar, gritarías aquello de:
    Paren el mundo que yo me bajo.






Así estoy yo estos días.
Corriendo de acá para allá, sin tiempo para hacer fotos. 
Con una mala cara que, aunque hubiera tenido tiempo, me quitaría las ganas.
Cumpliendo con el deber, pero dejando el blog a un lado.





No tengo razones especiales para esta especie de galbana que me invade y me adormece, como el mejor de los somníferos.
Es cierto que volví a tener catarro y que estuve de guardia toda la semana, pero no son motivos para esta especie de desmadejamiento tonto, que no me apetece sacudir.




A lo mejor tiene que ver con la ola de frío y resulta que en otra existencia fui un oso pardo y estoy bajo los influjos del letargo invernal. Con eso de la reencarnación y las vidas anteriores, nunca se sabe.

El caso es que hoy no tengo fotos de moda nuevas que enseñaros. Tiro de unas del año pasado y  el resto os tenéis que conformar con la sección de Julián.


Hago firme propósito de la enmienda y en resarcimiento el finde nos pondremos como cosacos a hacer fotos y prometo hacer dos entradas seguidas.
¿Me perdonáis?



Imágenes 




 En la Plaza del Carabayón en Oviedo.
El monumento a la Concordia de Esperanza D´Ors, visto por detrás.
Los ovetenses lo llamamos “La manifestación”, porque por mucha concordia que nos quieran contar, la realidad es que la actitud de las figuras parece más la de una protesta airada que esa entente cordiale que nos explican.
Con el cuerpo girado hacia la plaza de la Escandalera y la calle principal, el grupo de cuerpos atléticos y cabezas diminutas mira el tráfico a diario y una vez al año los personajes que se acercan a recoger los Premios Príncipe de Asturias






Ver para creer, parecen decirse entre sí los cristales brillantes del claustro del antiguo convento de San Vicente.
Si este edificio casi es de la época de la fundación de Oviedo...
Si albergamos el Museo Arqueológico…
Si podríamos contar la historia de la ciudad…
Y nos ponen este armatoste encima…

Todavía habrá que callar que si nos tachan de poco modernos, igual nos desguazan y dejan los vanos libres.
 ¡Así que a reflejar la nueva construcción, venga!






Dorada por el sol, alzándose hacia el cielo, izándose sobre sus pináculos, 
la “ Pulchra Leonina” se deja acariciar por los últimos rayos de la tarde.

Es otoño. El astro rey juega al escondite con las nubes y en cuanto se vaya, el frío se meterá entre las piedras y las despojará de su tono maravilloso.
  
La catedral lo sabe, es una historia cotidiana.
Por eso aprovecha para revestirse de sus mejores galas.
Dentro, el rosetón lanzará destellos de todos los colores sobre el suelo de mármol y en la calle los tonos oscuros empiezan a adueñarse de la ciudad.

León se prepara para el invierno que vendrá