domingo, 30 de septiembre de 2012

Hablando del tiempo




Cuando me puse a escribir esta entrada lo primero que se me ocurrió fue hablar del tiempo, y no pude evitar echarme a reír, porque si hay algo socorrido en caso de no  saber de qué  hablar, es comentar el  tiempo.





Que subes en el ascensor con un extraño. Nada mejor que comentar el frío o el calor que hace.
Que te dejan con alguien a quien te acaban de presentar: el tiempo es un recurso inmejorable para romper el hielo.
Que la conversación languidece y los temas se agotan. No lo dudes, la temperatura, la humedad, los cambios, o la falta de ellos -cuando tanta falta hacen- llenan rápidamente esos vacíos, tan incómodos





No sé si en el resto de España será igual, y creo que ya comenté alguna vez que uno de los recursos favoritos de los asturianos es quejarnos del tiempo.







Qué llueve -últimamente casi no sabemos lo que es la lluvia- todo lo que oyes:
- Hay que ver, ya está lloviendo, menuda humedad, no hay quien pueda con ella, me duelen todos los huesos.








  Si no llueve en una buena temporada:
         - Hacía falta que lloviera. ¿Tú viste cómo está todo de seco?







     Si tenemos muchos días de sol, la cantinela es:

              - Esto no hay quien lo aguante. ¡Qué calor! no estamos preparados para  este  tiempo.






 
 Y si hace frío, entonces ya es unánime:
  -  ¡Qué horror! Birrrr. No hay forma de sacar este frío del cuerpo.








Esta última semana, que toda España estaba bajo los efectos de una  fuerte borrasca, nosotros apenas lo sentimos, unas pocas gotas y  la consabida disminución drástica de la luz.








Como el termómetro cayó, de un día para otro, diez grados centígrados, nos permite seguir quejándonos, pero la cantinela es otra:

- Este tiempo está totalmente loco. Uno no sabe cómo vestirse.






Y la realidad es esa. Que andamos todos a caballo entre los restos de la ropa de verano y los pantalones de entretiempo, porque el fresco no ayuda precisamente a ponerse falda, y las medias dan un poco de pereza.




Así que, poniéndome a tono con el resto, me despedí de mi chaqueta estilo Chanel y saqué los super pantalones de corselete, son demasiado anchos, pero lo de la cintura tan marcada y tan alta me parece el colmo de la sofisticación.












viernes, 28 de septiembre de 2012

El aire de las castañas







Aire de las castañas, viento del sur en medio del otoño.







Brisa, a ratos, suave y tibia que acaricia los sentidos y juega con las cosas.





Copas de los árboles que se mecen en un suave vaivén,…







 Se acercan, cuchichean entre sí, se cuentan secretos, explican las maravillosas tonalidades que van a adquirir sus hojas…







Y también se resignan, entre tanto movimiento,  a servir  de alfombra al suelo donde se asientan.









Silbidos armoniosos que se mezclan con el ruido de los papeles sucios y las latas vacías  que recorren de un lado a otro el suelo de piedra.








La falda que revolotea, se llena de mil pliegues extraños, va, viene, se coloca, se vuelve a descolocar.









El pelo parece trenzar una danza infinita y rara enmarañándose en torno a mis ojos, tapándome la boca, enredándose en mil piruetas.








El ambiente es tibio. Pese a la temperatura,  la luz es otoñal.







Me gusta este viento que vuelve aún más locos a los que ya lo están, me  contagio de su locura y camino despacio, en medio de él, dejo que me empuje….






El aire sigue su camino, mientras la luz se va.








miércoles, 26 de septiembre de 2012

Merienda campestre




El sábado pasado tuvimos fiesta familiar. Nos reunimos con mi padre, varios de mis tíos y  primos y por la tarde nos fuimos al Hotel Rural La Balconada.





Está en una aldea de los alrededores de Oviedo que se llama Faro. Una localización perfecta, porque es un sitio muy tranquilo y tiene unas vistas sobre la ciudad y sus alrededores preciosa.








Colocado en un alto, tiene alrededor una zona ajardinada en dos planos,  muy, muy agradable.







No necesito explicar que la merienda estuvo suculenta, porque en Asturias no se concibe una reunión más o menos festiva,  donde no se coma bien.






La imprescindible tortilla de patata,  chorizos a la sidra, empanada,  “bollinos preñaos”, quesos, jamón, canapés… 







Todo en trozos pequeños que te hacen pensar que casi no tomas nada, pero no paras. Y cuando ya estás llena, los dulces: tocinillo de cielo, merengues, tarta de almendra, arroz con leche...






Risas aquí, charlas por allá, encuentros con primos que hacía tiempo que no veía. Mi padre y mis tías que a pesar de los años siguen manteniendo las ganas de pasárselo bien y le sacan todo el jugo a cada reunión… fue  muy agradable 






A última hora, a medida que la luz se iba yendo y el cielo se empezaba a vestir de tonos plata y gris, era divertido ver como se encendían las luces de la ciudad. 
Y descubrir donde estaban los edificios más representativos se convirtió casi en un juego.





Antes de empezar, Julián y yo, hicimos un aparte porque había que lucir de nuevo los pantalones, modelo funda de colchón,  y mi collar  de imitación  isabelina en un pase  fotos vertiginoso







lunes, 24 de septiembre de 2012

Contrastes




Hay colores que son tan pálidos y tan suaves que parece que se van a diluir, colores casi infantiles, tanto que para distinguirlos les añadimos la palabra bebé como si fuera un calificativo.





Rosa bebé, azul bebé… nos transportan a un mundo de dulzura, de sabores que nos hacen relamernos de gusto.





Batidos y helados de fresa, peladillas, algodones… Chuches compradas a granel.






Cuando la noche se acerca, les entra la timidez y se vuelven aún más claros, aún más pálidos para confundirse con el blanco.






Y se alían con el negro más profundo, del mismo modo que esos balines de regaliz que por fuera son de tonos claros y suaves y en cuanto los chupas un poco dejan ver el azabache del relleno.








Contrastes que encajan con estos primeros días de otoño. Que parecen querer unirse a esa especie de todo vale de esta estación que tan pronto nos engaña recordándonos el verano que acabamos de despedir, como nos amenaza con la oscuridad y la falta de luz del invierno.







Días  en que acusamos el cansancio, que estamos aun desorientados, que queremos llevar bien, pero nos torean y parecen jugar con nuestras mejores intenciones.





Todavía nos resistimos a entrar en la rutina, todavía pedimos prórroga y encontramos momentos para la diversión y la fiesta… falta poco para el Pilar, nos decimos, y planeamos algo especial para ese “puente”  










domingo, 23 de septiembre de 2012

La verdadera historia del vestido rojo





Seguro que la mayoría de los que vistáis a menudo Marquez@ recordáis esta entrada

Os gustó tanto que me he decidido a contaros la historia del vestido.





El año pasado Julián se dedicó a leerse la obra completa de Delibes. No me extraña nada porque es un autor con un castellano tan delicioso y una redacción tan agradable que sus libros te obligan a meterte en ellos y tienes la sensación de que conoces a los personajes.









Un día a principios de primavera, me preguntó: ¿Tienes algún vestido rojo?
Podríamos hacer una entrada partiendo de  Señora de rojo sobre fondo gris








A pesar de que es uno de mis colores favoritos, en ese momento el único vestido que tenía en ese tono, era muy de verano y  no servía para ilustrar el libro.







Por eso cuando en Zara sacaron éste me fui por él directa.








La protagonista de Delibes, en el recuerdo de su marido es una mujer increíble, de esas que logran imponerse sin apabullar, que se conquistan a cuantos conocen y que va por la vida con paso firme.








 El título tiene que ver con un cuadro para el que posó vestida de rojo, con guantes largos y collar de perlas. Y esta entrada pretende ser una especie de homenaje a uno de los mejores autores en lengua castellana. Cambié las perlas por mi nuevo collar de Zara y por mi cuenta le añadí el abanico y el bolso de mano porque me pareció que pegaban.








Nuestra idea inicial era incluir frases del libro que describieran a esa mujer tan increíble, pero nos dimos cuenta de que al ser un blog y publicarse en internet podríamos infringir la Ley de Propiedad Intelectual, así que  me limito a recomendaros que no dejéis de leerlo.









Es una novela corta, y lleva poco tiempo.








Os aseguro que la mujer que inspira la obra, que los críticos dicen que es la del propio Delibes, os fascinará y os dejará buen sabor de boca 








Evidentemente, yo no me parezco a ella, ni tampoco lo pretendo, me reconozco en algunas cosas, pero sin llegar a esa categoría que no me importaría alcanzar algún día.












jueves, 20 de septiembre de 2012

Recordando




Supongo que tiene que ver con el cambio de estación, con la falta de luz a primera hora y con esa pereza inmensa que nos da retornar al trabajo y los quehaceres diarios. No sé si a vosotros os pasa, pero estos días arrastro un sueño mortal




Me quedo dormida en el tren, camino del trabajo, en el sofá y si me descuido delante del ordenador cuando estoy curioseando por internet.




Cuando estoy cansada todo se me hace cuesta arriba  y parece que la inspiración me abandona.







Así que hoy he decidido echar la vista atrás y volver a recrearme en  las que posiblemente sean las mejores fotos de la temporada pasada.







Las habíamos preparado con todo el cuidado para mandarlas a People, a ver si convencíamos a los secuaces de Don Amancio -de aquella el señor Isla todavía no sonaba- para que nos publicaran y de paso nos dieran esos trescientos euros que tan bien vienen.






No hubo suerte y eso que las dos fotos que mandamos eran ideales.






Las saqué en su día en el Blog de Marta  http://www.elegantealaparquediscreta.com/de-punta-en-blanco/ con la práctica seguridad de que esta vez salíamos en la web de zara, pero no pudo ser






Estas no son las mejores, pero no dejan de reflejar una mañana agradable, paseando sin prisas, disfrutando del sol y la temperatura y en vista de que este año los sombreros tipo “clochet” están de última – ya le tengo echado el ojo a uno negro – decidí volver a sacarlas para ver si me animaba y de paso despejaba un poco.




Nota: Lo del ceño fruncido no es que estuviera enfadada, es que me molestaba el sol