jueves, 30 de agosto de 2012

Belén




Ayer fui a Sama de Langreo, tenía una cita especial con Belén, del blog maritienblog.
Nos conocíamos a través de la web y estando tan cerca parecía casi obligado lo de vernos las caras al natural, así que me subí en el tren y de camino iba haciendo mis cábalas.





Mira que si no nos caemos bien.

¿Y si nos da corte?

Es mucho más joven que yo y tiene un estilo muy distinto. Anda que si al natural me encuentra aburrida…

Todas esas inseguridades que te vienen, de repente, cuando te enfrentas a algo o a alguien desconocido, pasaron por mi mente en el rato del viaje.






Sabía que era simpática, basta visitar su blog para saberlo. El día antes habíamos hablado y me pareció un encanto, y además tenía muy buenas referencias de ella, pero aún así no dejaba de ser una desconocida.






Pero fue llegar a la estación y todos mis miedos infundados desaparecieron como por encanto.
Allí estaba esperándome, con su ropa recién estrenada, con una sonrisa de extremo a extremo, con cámara, trípode y unos brazos abiertos que hablaban más claro que todas las palabras que pudiera pronunciar.






No necesito explicar que todo fue sobre ruedas.
Me enseñó Sama, fuimos al Parque, vimos la calle principal, el Ayuntamiento, la Iglesia, su farmacia. 








Tomamos sidra, charlamos.
Me presentó a su madre,  a sus hermanos, a sus sobrinos – por cierto qué guapos todos - a su tia y madrina, a Flor que trabaja en la Farmacia y conocía el Capricho de Marquez@.
Nos encontramos con medio pueblo y todos se paraban a saludarla, a hacerle algún comentario, a reírse un poco con ella…








Y no me extraña porque Belén es una delicia de naturalidad, de simpatía, de cercanía, de don de gentes.





Hay algo en su cara, que a pesar de lo alta y grande que es – al menos a mi lado que soy poca cosa – te hace pensar en una niña.
Conserva esa transparencia y esa limpieza de la gente buena, de quien no necesita tener dobleces porque lleva por delante lo que es.









Como era de esperar entre retazo y retazo de la conversación, nos hicimos fotos. Había que inmortalizar el encuentro y enseñar sus zapatos nuevos que despertaron admiración y alguna que otra tomadura de pelo en cuantos nos encontramos. 







Debo de advertir que todavía ando algo verde y que al natural es mucho más guapa de lo que yo la saqué. Su blog se llama maritienblog.blogspot.com.es  











miércoles, 29 de agosto de 2012

Pantalones de diosas (Homenaje a Ingrid Bergman)




Posiblemente no debería ponerme pantalones anchos desde arriba. Con mi largo de pierna acortan la figura y me hacen parecer ”chaparreta".









Pero cuando los veo colgados de su percha en la tienda viene a mi mente la imagen de Ingrid Bergman en “Intermezzo” y me muero por tenerlos.





Ni siquiera estoy segura de no estar mezclando recuerdos y la fotografía de la “diosa” sueca apoyada en el mástil de un barco con un pantalón amplio de una tela con mucha caída, no pertenezca a esa película. Pero ella y Katerine Hepburn siempre me han parecido el colmo de la elegancia y ese tipo de pantalón lo llevaban mucho.





Había conseguido resistirme a la llamada de las rayas de estos palazzo de Zara, me había repetido que la mayoría de las bloggers que vi con ellos estaban poco favorecidas y casi logro ganarle la batalla a mi impulso. Cuando, en una de mis  habituales visitas a la tienda – voy casi tanto como al cuarto de estar de mi casa – los encontré rebajados a 12,99€. En un acto de resistencia tremendo conseguí zafarme de semejante tentación.






Pero ese mismo día vi por la calle a una señora, algo mayor que yo, que los llevaba con una banda morada a la cintura, unos salones morados y una camisa de gasa blanca. Estaba impresionante y las pocas fuerzas que me quedaban para no caer se fueron con el viento.







A partir de ese momento empezó mi peregrinar de Zara en Zara para encontrar mi talla. Mi conciencia me decía por detrás –eso es señal de que no te los debes comprar – pero el diablo tentador seguía pinchando con renovados bríos: ¿Y si te quedaran tan bien como a esa señora…?







El caso es que al final los encontré y el domingo pasado los estrené para ira tomar una Coca- Cola en la terraza de la Laboral. ¿Verdad que tumbada en la chaise-longue hasta me veo bien con ellos?  






martes, 28 de agosto de 2012

Contraste




En las últimas entradas casi siempre sale como fondo la ciudad de Gijón. Sacamos las fotos en los fines de semana y solemos estar allí. Pero cuando llega el domingo hay que retornar a Oviedo para empezar la semana laboral al día siguiente.




Frente al bullicio y la animación de la Villa gijonesa, las tardes de los domingos en Oviedo son un remanso de paz.
Las calles vacías, las tiendas cerradas, los jardines despoblados, todo parece estar dormido, esperando la llegada del lunes.




Porque la vida ha cambiado mucho y ya no quedan resquicios de aquella ciudad fantasma de los agostos de hace años.
El que más y el que menos hemos tenido que reducir vacaciones y se nota cada vez más la incorporación de la mujer al trabajo.





Cuando yo era pequeña, en cuanto nos daban las vacaciones nos íbamos con mi madre y mi padre se quedaba en casa solo ejerciendo encantado de “Rodríguez”




En mis años de carrera, los últimos exámenes solían ser en julio y me iba para el pueblo con mis tías, mientras mis hermanos y mi madre empezaban su veraneo en Valjunco (Valencia de Don Juan, Léon)







 Recuerdo que mi padre me llevaba a la salida a comer a alguna de sus tascas favoritas, donde inevitablemente nos encontrábamos con otros “Rodríguez” que compartían con él sus descubrimientos de donde cocinaban mejor los calamares en su tinta o la carne gobernada.





Ahora por semana la ciudad se llena de turistas y somos muchos los que nos quedamos para trabajar, con lo que está más o menos animada, pero el domingo descansa y duerme, alejada de ruidos y jaleo.






domingo, 26 de agosto de 2012

Anochecer a la orilla del mar.


Supongo que al ser de tierra adentro, el mar ejerce sobre mí una atracción poderosa.
Puedo pasarme horas contemplando, sin cansarme, el ir y venir de las olas
Si además la luz es propicia,  la visión de los reflejos y los colores que se copian, me fascina y me ata a cualquier punto desde el que pueda mirarlos.




El placer de pasear por la orilla cuando empieza a anochecer, ha sido todo un descubrimiento estos días atrás.



El espectáculo  de la playa de San Lorenzo a última hora de la tarde es magnífico. El cielo se viste de un azul grisáceo con tintes de plata, que se refleja en el mar y en los charcos que deja la marea cuando baja.




La arena mojada brilla y forma diminutos montículos con sus correspondientes hondonadas. El agua se queda remansada en ellas formando un espejo inmenso.




Sentir la caricia del mar bañándome los pies, mientras contemplo el horizonte es una verdadera delicia. Me siento ingrávida, leve, como si formara parte del paisaje y me dejara llevar  por las olas que mueren a mi lado.




El sol se ha ido, ha dejado paso a las luces de la ciudad, que en hilera perfecta, recorren el muro lanzando destellos.
Los restos de agua sobre la arena, repiten esos destellos y vuelven la playa un escenario brillante y maravilloso. El cielo y el mar tienen color azul noche y la magia se reparte acunada por el sonido del agua.
La ciudad bulle, la gente ha salido a tomar el fresco.
Junto al mar, vestida con lo que fuera una enagua de mi bisabuela, me siento ajena a todo lo que no sea la felicidad de ese momento.  Julián lo capta mientras sonríe detrás de la cámara

jueves, 23 de agosto de 2012

Vestida de señora



Ya sé que no está de moda lo de parecer una señora. Sé que los aplausos generales se los lleva siempre la ropa juvenil y desenfadada, pero una de mis reivindicaciones más insistente es la del derecho a aparentar mi edad.





La sociedad de consumo idolatra la juventud. Supongo que en parte porque es sinónimo de diversión y porque, no en vano, son los mayores consumidores.






Creo que todo el mundo está de acuerdo en desterrar la tiranía que hace unos años impedía a las mujeres a partir de los treinta ponerse ropa que no fuera seria y representativa de un status, el de señora.
Pero, estando totalmente de acuerdo, sostengo  a la vez una cruzada a favor de poder representar lo que somos.






Me niego a tener que vivir esclava de la obligación de estar siempre guapa, de conservar una figura que por más que te mates no va a ser buena porque el cuerpo se va aflojando.







Me niego a la obligación de estar impecable, de aparentar menos años de los reales, de conservar una juventud que en realidad hace años que se fue.









Y de vez en cuando me apetece el plan de vestirme de señora, de colocarme  mis collares de perlas y mis gafas de escafandra.






Como el sábado pasado  entre la opulencia de un Porsche deportivo y la rotundidad práctica del chasis de un camión. Como si fuera una de aquellas damas que hace años poblaban las páginas del Hola.






El pie de página podría ser perfectamente: Doña Carmen, pasea su estilo clásico por la tradicional Feria de Muestras de Asturias en su edición de este año.





miércoles, 22 de agosto de 2012

Cazando rayinos de sol



Cuando se está acabando el día los rayos del sol empiezan a jugar al escondite






Las calles se van llenando paulatinamente de sombras y poco a poco se oscurecen.




Pero, como si fueran niños pequeños, los rayos de sol hacen guiños a todos los que pasamos.




¡Mira dónde estoy!

¿No ves qué precioso soy?

Tengo mil colores, fíjate bien que te los enseño.







No tienen voz, no usan palabras, no les hacen falta.




Se limitan a aparecer aquí y allá. A iluminar un rincón, a  meterse detrás de una nube, a reflejar los dorados guardados dentro de piedras y ventanas como un tesoro oculto.




Y yo me apunto a jugar con ellos, a buscarlos detrás de sus escondites, a admirarlos cuando, retozones y brillantes exhiben todo su esplendor.




Y entre juegos y sonrisas, cuando me doy cuenta el día se ha terminado y toca volver a casa.  Eso sí, suelo quedar con ellos por si al día siguiente les apetece volver








martes, 21 de agosto de 2012

Música del Barroco Italiano




Mi gusto por la música clásica no es ningún secreto para la gente que sigue este blog, como tampoco lo es que este año estoy disfrutando de los conciertos al aire libre que organiza en verano el Ayuntamiento. 

Lo que hasta ahora no había dicho es que buena parte de mis melodías favoritas pertenecen al barroco italiano. 





No sé si las cuatro estaciones de Vivaldi, a fuerza de populares y archi escuchadas, han influído en ese gusto. Las notas del otoño con esas hojas teñídas de dorado que planean hasta caer de forma delicada sobre la alfombra del suelo del bosque, o las del verano con su moscardón pesado e insistente que parece revolotear en torno nuestro, … me envuelven y me acunan cada vez que las escucho de nuevo.







El concierto de los músicos del grupo de “I solisti di orchestra  filarmónica italiana” tenía un programa basado en Vivaldi y Pergolesi y claro está,  nos fuimos derechos a escucharlos.






Decir que me gustó el concierto es quedarme corta.
Además de lo excelente de los solistas y de lo delicioso del repertorio, el escenario era  la sede central de la Universidad, en el patio que durante años acogió a los estudiantes de Derecho – entre ellos a mí – y en medio de aquellos muros dejarse llevar por las notas era prácticamente obligatorio.





La solista principal tocaba la mandolina y aunque las fotos, tomadas de lejos y con poca luz no le hacen justicia, cuando la vi me dije a mí misma: Cómo me gustaría parecerme a ella dentro de unos años.
Estilosa, sencilla, con su pelo blanco recogido en una especie de moño, un precioso vestido negro, la tez bronceada y una fuerza difícil de explicar y de transmitir.




Aquella mandolina sonaba como los ángeles  y la dulzura y la vida de las notas que de ella salían, incluso hicieron revolverse a las gaviotas que, muertas de envidia, vinieron a sobrevolar el cielo y a unir sus graznidos a la música.




 
Poco a poco se fue yendo la claridad y los últimos rayos del sol dejaron paso a las estrellas, las luces de la ciudad se fueron encendiendo y terminado el concierto los chicos del attrezzo recogieron veloces las sillas con sonido rítmico.