lunes, 30 de julio de 2012

Oviedo es música


Así reza la propaganda que el Ayuntamiento hace de las actividades musicales que programó para este verano.

Y si la cosa no llega a tanto, lo cierto es que cada martes,  jueves y  sábado se suceden las actuaciones para alegría y regocijo de cuantos nos quedamos en casa.






Nosotros nos hemos apuntado a las de música clásica.




En el que en su día fuera convento de San Vicente y que desde hace años alberga al Museo Arqueológico, las primeras piedras de Oviedo parecen darnos la bienvenida, exhibiéndose gozosas bajo una enorme loseta de cristal transparente.

A nuestros pies, los restos aparecidos en la última excavación. Y de frente uno de los arcos del precioso claustro.






El escenario está en una de las esquinas y desde donde nos sentamos no lo podemos ver, pero la acústica es excelente y la música nos llega con toda claridad.

Miro las ondas de la parte superior y me sorprendo al ver reflejada en los cristales de las ventanas, la modernísima arquitectura de la última ampliación.





Piedras antiguas que conservan entre sus recuerdos las pisadas de unos monjes que hace siglos cantaban en gregoriano y seguían la Regla de San Benito.

Piedras que saben de historia, de gentes nuevas que miran con respeto los vestigios del pasado, de ovetenses y de visitantes.





Instrumentos raros, de cuerda de viento, de metal, …
Todo se funde para crear un ambiente único y delicioso.






  El verano en la ciudad también tiene sus ventajas  



domingo, 29 de julio de 2012

Jardinera de pacotilla


En Asturias llamamos “praos” a las  extensiones de terreno cubiertas de yerba.

Nosotros tenemos uno en la zona centro, en Siero, con unas vistas sensacionales sobre el valle limítrofe y de fondo  la Cordillera Cantábrica jalonada de picos increíbles.





Como siempre estamos liados, lo disfrutamos poco, pero en verano, alguna vez, nos dejamos caer por allí. Y el sábado pasado fue una de esas veces.



Tras un pic-nic campestre y un rato de relax, me sentía eufórica y me puse en plan jardinera.
Tijera de podar en ristre ataqué el macizo de flores moradas para quitar las secas.




Entre el lumbago que esos días me traía por la calle de la amargura y mi escasa habilidad, tenía una pinta de lo más cómico. La pamela, que evidentemente me protegía del sol, pero no me dejaba ver más allá de mis narices, los guantes de trabajo y la risa que me atacó, no era capaz de hacer nada al derecho, así que me pasé al pico.






Si con las tijeras hice poco, con el pico lo único que logré fue reírme todavía más. Os dejo una demostración gráfica de mi estilazo cogiéndolo y del ánimo y la fuerza con que lo clavaba en la tierra.







Ni que decir tiene que el agujero para plantar el rosal, lo tuvo que hacer Julián.





Entre tanta juerga y tanto  “esfuerzo”, terminé rendida y tuve que tumbarme un rato a disfrutar del sol. ¡Qué bien se estaba¡






 Y hablando de sol, por un día, se sintió generoso y para hacerse perdonar lo poco que nos visita nos regaló un atardecer precioso.


viernes, 27 de julio de 2012

Desde el parque del Oeste otro vestido blanco




Si hay algo que me encanta de Oviedo, es su tamaño.






No es lo bastante pequeña como para resultar agobiante y tiene todas las ventajas de las ciudades medianas.






En media hora puedes ir desde el centro a la mayor parte de los extremos y si tienes un poco más de tiempo, caminas un rato y te encuentras en plena naturaleza.






El Monte Naranco, en realidad, es una colina que corona la parte oeste y una referencia obligada para todos los carbayones.





Sus bosques de eucaliptos, su suave pendiente, la imagen del Corazón de Jesús coronando una de sus cimas.






Las laderas jalonadas por merenderos con una vista excepcional de la ciudad.






Y en su base las inmensas praderas del parque de Purificación Tomás.





Desde otro de los extremos, en el Parque del Oeste, con nuevo vestido blanco, esta vez en versión boho-chic, el domingo con un sol radiante.


miércoles, 25 de julio de 2012

Vestidos blancos


Siempre tenemos un color favorito y el mío es, sin lugar a dudas, el blanco.





Me atrae su fuerza, la alegría que da a la cara, el brillo que aporta a la ropa….





El blanco habla de limpieza, de luz, de claridad…






Me parece el colmo de la elegancia y a la vez lo más ponible del mundo.





Quizá por eso tengo una colección de vestidos  blancos que he ido juntando a lo largo de los años.






El de hoy es el más clásico. Un camisero.





Un vestido de señora, elegante, sobrio, que lo mismo pega con collar de perlas y tacones que con cuñas de esparto y un cesto de paja.







Un vestido que me sirve para ir a trabajar y me da un aire respetable, pese a no tener manga.






Y que también llevo a la compra cuando voy de mercado.





Con él aparento todos mis años, pero para algo los tengo y de vez en cuando me gusta lucirlos.

domingo, 22 de julio de 2012

Ambiente de verano


La tarde del viernes en Oviedo el cielo estaba gris y hacía más bien frío.





Vaya hombre, me dije, otro día más que se suma a esta espera interminable para lucir la ropa de verano.



Cuando no sé qué ponerme  casi siempre termino por acudir a un pantalón cómodo y una camisa blanca.



 Es de esa ropa comodín que  no sabes por qué te salta a la vista en cuanto abres el armario y en la práctica, la que más te pones.



Con un poco de alegría en el azulón del resto, me pareció que podía encaminarme a terminar el día en Gijón.


Cuando llegué, me encontré con el delicioso recibimiento de una tarde de sol y para celebrarlo salimos a dar una vuelta.



La ciudad lucía su cualidad de veraniega: las terrazas llenas, los paseos repletos de viandantes, música en la calle y tenderetes de negritos que ofrecen gafas de mil colores y películas y CD que nadie les compra.



Fomento estaba radiante: La terraza inmensa de madera con detalles en cristal y acero acogía los últimos rayos del sol y el bosque de mástiles se dejaba mecer por la suavidad de la brisa.





A última hora el sol se escondió detrás de una nube y nos quedamos sin verlo ponerse, pero ese ambiente de verano se respiraba en cada esquina y adaptados a él nos dejamos llevar, felices y tranquilos


viernes, 20 de julio de 2012

Shorts


Los shorts siempre  me han encantado. Y los llamo en inglés a pesar de la manía  que les tengo a los anglicismos, porque lo que siempre se llamó pantalón corto, tiene más que ver con los de chico o con unos largos cortados.




Pero también, desde siempre, han sido mi sueño inalcanzado.




Cuando era pequeña las ilustraciones de los  libros de Enid Blyton mostraban a las protagonistas cómodas y felices en vacaciones con unos  shorts lisos y un niqui.





Daba lo mismo las aventuras de los cinco, que los siete secretos, las niñas del colegio de Torres de Malory o las gemelas O ´Sullivan, todas ellas se ponían shorts cuando iban de excursión o hacían deporte.





Yo quería, como fuera, uno de aquellos pantalones que parecían imprescindibles para pasarlo bien, pero mi madre, con buen criterio, únicamente accedió a comprarme unas bermudas bastante cortas azulonas y otras tipo vaquero de rayas.





Siempre había sido una niña sensata y juiciosa, poco amiga de alborotos y juegos de agilidad con lo que aun estando delgada los pantalones no me quedaban bien y los cortos mucho menos.






Pero yo veía y sigo viendo a esas chicas jóvenes de piernas delgadas e interminables que parece que nacieron con ellos puestos y los llevan con una soltura increíble.




Me hubiera gustado ser como ellas, y que me quedaran igual de bien, pero tengo cadera ancha y piernas más bien cortas con lo que no me favorecen.





Ahora ,además, no tengo edad para ponérmelos y sólo cuando voy a la playa o de excursión, me animo a colocarme unos.




Pero aprovechando que este año las revistas anuncian que vuelven las bermudas, y a pesar de que en la calle no se ven aún – al menos en Oviedo – he sacado las mías del armario.


Son amplias y tirando a largas.  Y en vista de que ayer el día no se animaba me fui a dar una vuelta con ellas y la chaqueta de rombos que  les da  un cierto aire colegial  y divertido





Resulta una opción veraniega y con el collar en los mismos tonos parece que tiene una pinta un poco más seria.