viernes, 29 de junio de 2012

Domingo de mercado


Cuando has soñado con el sol, lo has esperado día tras día, has escudriñado el cielo cada mañana anhelando su venida y lo ves radiante en medio del cielo anunciando un día de calor, cualquier plan te parece estupendo.



Y si además coincide que ese día es festivo, la proposición de dar una vuelta por Grado, te suena a Gloria Bendita.





Grado es un pueblo cercano a Oviedo, al que desde hace unos años se llega por autovía y que celebra el mercado los domingos.



Está en una zona agrícola y los “paisaninos” se instalan en los puestos que jalonan la calle que une el parque con el Ayuntamiento exponiendo sus tesoros.







Es mejor ir preparada y sabiendo lo que vas a encontrar porque si no te pierdes entre tanta lechuga, tanto tomate de palo “Ay niñina que los de invernadero nun saben a ná”,  con las mejores patatas de la huerta o las cebollas más jugosas y más grandes.




Cerezas, guisantes, todavía en la vaina, nueces del año pasado – que son “ruinas”- pero saben que es una delicia y dan un gusto exquisito a la ensalada o la tarta y las primeras cerezas de la temporada que aún están amarillas, pero que tienen una pinta mucho mejor que las del supermercado.



Puestos con pan de todas clases, tartas, empanadas, galletas y mil dulces caseros. Hay cola para poder comprar algo y el olor del chorizo del bollo “preñao” despierta los jugos gástricos que no veas.




Pero como todo mercado tiene también puestos de ropa, bisutería, complementos, enseres para la casa  y el consabido de música que anuncia su mercancía al alto la lleva con alguna canción del Fari o similar.






Toda la villa gira en torno al mercado dominical y medio Asturias nos acercamos por allí a ver qué traen de nuevo.






Tras fisgar puesto por puesto y comprar pan de escanda y un buen queso asturiano para no dejarlo solo, nos dimos una vuelta por el pueblo y subimos al parque y al quiosco de la música.





Con aquel día todo parecía más bonito y el verde más intenso, así que con las pilas cargadas y el pan en la cesta, emprendimos viaje de vuelta    



jueves, 28 de junio de 2012

Gijón, vista con otros ojos




Gijón es una ciudad con el encanto del mar.







Estar bañada por el Cantábrico no es una cualidad con la que se puedan adornar muchas otras. Y el hecho de tener un escenario cambiante y multicolor, hace que la mayor parte de la gente que la conoce, asocie la villa de Jovellanos con el paseo marítimo que nosotros los asturianos llamamos el Muro.





Recorrer su kilometro y medio, desde la Escalera  0 al lado de San Pedro hasta la desembocadura del Piles, es la ocupación por excelencia   de todos los andarines de la zona. Y pararse de vez en cuando a contemplar el espectáculo de las olas batiendo,  los bañistas haciendo surf o del nuevo buque que a lo lejos se ve aproximarse al puerto, hace que cada día el recorrido tenga un aliciente nuevo.





De día con la luz que va cambiando y de noche con la ciudad iluminada como fondo, las farolas ponen su nota clásica y poética. Pintadas de blanco con aire marinero, guardando celosas el secreto de tantas cosas como vieron.




Y si hay una imagen de Gijón por excelencia, es la del final del muro con  San Pedro como fondo.




Con sol, con lluvia, con mar en  calma o con olas de esas que te duchan de arriba abajo a poco que te descuides, la torre de  la Iglesia es el emblema que todos reconocemos.







San Pedro, presidiendo el paseo, enhiesta y mirándose sin mirarse en los cristales de la antigua pescadería.








Y del otro lado, Poniente, la playa rescatada al mar y a la industria.





 Con sus alrededores sembrados de edificios modernos de semejan las proas de enormes mercantes acristalados.






Bancos ultramodernos y cómodos para  sentarte un rato o para quitarte la arena que se empeña en pegarse a tus pies.





Y  arena peinada que presume de rastrillo por las mañanas en verano






También junto al mar, el puerto deportivo y Fomento, con sus barquitos meciéndose y el bosque de mástiles blancos.

Gijón es un puerto marinero, pero también es mucho más, calles, plazas, Iglesias, teatros, la Laboral, el Acuario, el centro de Talasoterapia… edificios, barrios y rincones que poco a poco irán poblando nuevas entradas, para que cuando vengáis a verla os resulte familiar





martes, 26 de junio de 2012

Boda en el campo ( Segunda parte)



Sé que había dicho que iba a publicar esta entrada ayer, para que vierais todo el conjunto al tiempo, pero estos días tengo mucho trabajo y no me dio tiempo, así que con mis excusas por delante os  presento el resto del atuendo.




No sé si a vosotros os pasa, pero a mí tanto o más que las bodas propiamente dichas me encanta el ajetreo de los preparativos.



Lo de pensar y repensar lo que me voy a poner, empezando por lo que no puede ser.






¿Por qué será  que basta que algo no sea apropiado, para que se nos apetezca más que nada?





Si hay que ir de falda, parece que todos los pantalones que veo me parecen perfectos y si tengo que ir de mañana, basta para que todos los vestidos que me gustan sean de fiesta.



Superado el primer escollo. Una vez encontrado el vestido y comprobado que me quedaba bien.


Porque esa es otra. ¿Cuántas veces habré pensado que me compro ese vestido tan ideal que vi en la tienda y cuando me lo pruebo estoy horrorosa y tengo que buscar otro sobre la marcha?



Quedaban los complementos.

Bolso y no clutch, que luego no hay donde dejarlo y andas de acá para allá como un alma en pena a la hora del aperitivo.
En una mano está la copa de la bebida y si en la otra tienes el bolsito en cuestión, vas ideal, pero seguro que no hay una mesa en todo tu entorno donde poder soltarlo para coger un canapé.
Y en ese momento tienes un hambre que devoras porque para arreglarte pronto casi no desayunaste.




Alguna alhaja porque es justo el mejor momento para lucirlas




Y sombrero que siempre es muy elegante.




Elegante sí y favorecedor también, pero cuando llevas con él puesto cuatro horas  poder quitártelo es una liberación y de disfrutar del sol en la cara te parece un placer de Diosas.




Al final tanto preparativo mereció la pena, porque me gustó el resultado y lo pasé muy bien en la boda. 

Menos mal porque a veces, basta que te hayas esmerado todo y más para que algo se tuerza, no te guste como vas y te pases el día incómoda y disgustada.


¿Vosotros también os complicáis o os vestís bien y basta?



domingo, 24 de junio de 2012

Boda mañanera en el campo ( Primera parte)


El sábado teníamos una boda  mañanera en el campo.





Me gusta ir de boda. Me gusta arreglarme y ponerme ropa y alhajas que en condiciones normales resultarían excesivas y pretenciosas.






Me gusta sacar mi lado más elegante y clásico para darle a las cosas una apariencia regia.









Con mi sombrero blanco y mi abrigo de verano no se sabía muy bien si iba de boda o a las carreras de caballos de Ascot en plan discreto.







Pero yo me sentía como Julia Roberts en Pretty Woman.






Con perlas alrededor del cuello y en los pendientes. 
Porque no hay nada mejor que el oriente del nácar para hacer brillar los ojos y envolverte en un marco de lujo





 Eso sí , ya se sabe que lo de andar majo cuesta trabajo y, muy en mi papel de señora elegante, adoptaba un aire displicente.






No es que me hubiera vuelto estirada de golpe y porrazo, sino que con el sombrero calado casi hasta los ojos o miraba hacia arriba o casi no veía más allá del suelo.


Y os aseguro que pisando sobre yerba con los tacones que se hunden, lo de guardar el equilibrio es todo un arte




Y a última hora, después de la comida, mientras nos dábamos un paseo por los alrededores del restaurante,  ya sin sombrero, me dejé ir, disfrutando del primer día de verano, verano que tuvimos este año.





El vestido con vuelo en la cadera y ajustado arriba, recordaba los de la serie Mad Men, pero eso lo dejo para la próxima entrada



viernes, 22 de junio de 2012

Indefinido



Hay días en que todo parece indefinido





No hace frío, ni calor, no hace sol, ni tampoco llueve. No está claro, ni tampoco oscuro.




Da la impresión de que todo puede pasar, porque todo está por aclararse.







El sábado era uno de esos días. No me apetecía vestirme de oscuro, pero tampoco del todo en tonos alegres, no quería ir muy clásica, pero tampoco moderna.







El escenario de las fotos en la Escuela de Ingeniería del Campus de Gijón, también está en esa línea.






No está en el campo, pero tampoco en la ciudad.






El edificio no es del todo clásico, pero tampoco moderno.







Y yo, para rematar, tampoco parezco decidirme si suelto la melena o me la recojo.







Menos mal que la cosa no era importante y a última hora hasta el sol nos regaló unos pocos rayos para hacer un contraluz.




miércoles, 20 de junio de 2012

Conjurando la lluvia



Conjurando la lluvia, la niebla, el frío y el mal tiempo que ha vuelto a instalarse en Oviedo.






Conjurando también el cansancio, la escasez de luz, el final del día y la falta de energía que quieren apoderarse de mí.






Es verdad que me muero de ganas de días de sol, de volver a pasar calor, de disfrutar del colorido intenso de lo poquísimo que nos queda de primavera.








Pero no voy a dejar que los elementos me ganen la batalla.







No pienso permitir que una borrasca tonta se meta en mi vida y me estropee los planes.




Así que desde lo más alto del Calatrava le lanzo un conjuro al mal tiempo: Vete y no vuelvas en una buena temporada.





Y para lanzar un conjuro en condiciones, sólo hay dos alternativas:
O me visto de negro riguroso – que la verdad con la poca luz que hay a estas horas de la tarde, no me apetece nada- O saco mi lado guerrero y me visto de rojo.





Roja la gabardina, rojos el pantalón y los zapatos, rojo el bolso y para no parecer una diablesa, un poco de blanco en la camisa y en las flores del paraguas.







Con mis corazones atravesados por la pena de tener que añorar tanto el verano y con unos sortijones de fabricación propia que casi son mayores que mis dedos.



 



¿Os animáis a acompañarme frente al mal tiempo?