sábado, 26 de mayo de 2012

Giselle


Hace unos días me invitaron al  Campoamor a ver un ballet. Venía la compañía del Teatro del Kremlin y se representaba Giselle.
Ya se sabe  que en cuestión de ballet clásico los rusos son auténticos maestros, así que me apunté en seguida.
Aquella tarde llovía a mares, los adoquines de la calle brillaban bajo la luz apagada  y los paraguas ponían su nota de color ante el teatro por excelencia de Oviedo.



El hall bullía de gente que llegábamos protestando del tiempo y tratando de evitar que el agua que chorreaban los paraguas mojase todo.



Una vez instaladas en el palco, me asomé a contemplar la magnificencia de la sala. La araña de cristal de roca lanzaba sus destellos refulgentes, el patio de butacas lleno de gente y de colorido prometía una velada agradable.






Se alza el telón, suena la música y aparece Giselle. Hay algo mágico en ese momento en que, tras los consabidos avisos, los murmullos cesan, las luces se apagan y empiezan los primeros compases.



 ¿Qué aparecerá? ¿Me gustará?...
Me emociono un poco. El ballet siempre me trae buenos recuerdos, me transporta muchos años atrás cuando fui por primera vez. A los doce años aquel espectáculo tan lleno de armonía me dejó impactada.
 Ver a los bailarines hacer piruetas, saltar como si las imponentes cabriolas que atraviesan la escena fueran algo natural y fácil, es algo que me atrae y me clava al escenario para no perderme un solo detalle.



El vestuario con sus tules, sus mallas, los terciopelos, los brillos refulgentes y el colorido sin par, llena mis pupilas. Me gusta el contraste con el blanco inmaculado de las faldas y tutús con el rosa pálido de las zapatillas de las bailarinas, con las medias que pegadas a la piel se integran en el conjunto.




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 Me gustó la obra, volver a escuchar los golpes de las zapatillas de los bailarines chocando contra el suelo del escenario, la música que envuelve y transforma, los juegos de luces, y sobre todo el mágico espectáculo de la danza.
Las puntas, los pasos a dos, las figuras...
 La  armonía de los cuerpos en esa elasticidad que los lleva a estirarse, a doblarse a saltar, a mantener el equilbrio sobre un sólo pié...
Me gustó volver a sentir ese cosquilleo de placer que me alegra y me transforma.
A la salida del teatro hacía frío y seguía lloviendo, pero yo llevaba impresos en la retina los movimientos del ballet y el mal tiempo ya no me afectaba.


Las fotos pertenecen a la web oficial del Ayuntamiento de Oviedo y a los distintos ballets que interpretan la obra

Post Data: A petición de Patricia añado un par de fotos para que veáis cómo iba vestida, no son de ese momento, pero sirven para dar una idea




Me encantan los abrigos de verano y este en gris plata me pareció apropiado.
Ese día llevaba zapatos cerrados y no sandalias, pero hoy hace calor y me daba pereza ponerlos  



El vestido tiene unos hilos de plata muy finos que en la foto no salen y que lo convierten en una prenda más de vestir. ¿Os gusta?

9 comentarios:

  1. ir al ballet es una de mis asignaturas pendientes...y a la ópera.

    Verlo en directo tiene que ser una pasada! No se si es comparable, pero al ballet, a la ópera, al fútbol, a los toros , a una carrera de Fórmula 1 o a Rock in Rio son sitios a los que jhay que ir al menos una vez!

    http://maritienblog.blogspot.com.es/

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    1. Las carreras de Fórmula 1 son un aburrimiento, y los barullos colectivos como Rock in Río, para quien los quiera. Odio las aglomeraciones.
      Nada como el arte. Yo paso gran parte de mi vida yendo a la ópera.

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  2. Belén, si tienes ocasión no dejes de ir a verlo, en Oviedo suele haber festival de danza todos los años y te queda cerca.
    Tienes razón en lo que dices. Yo soy más de ballet, ópera y concierto que del resto. El fútbol porque al no conocer las reglas del juego me pierdo y los conciertos de masas, porque me agobia tanta gente. Pero la sensación de escuchar la música en directo, esa especie de unción con que la gente sigue el espéctaculo, la fuerza del escenario, las luces apagadas para dejar protagonismo a los que actúan, y la sensación de formar parte integrante de la representación - aunque sea como público - es de las cosas que hace subir la adrenalina ( a mí por lo menos)

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  3. A mí la pasión por el ballet me la inculcaron mi madre y mi abuela, de hecho he estado casi 10 años en una academia pero lo tuve que dejar por los estudios. Mis primeros ballets fueron el lago de los cisnes y el cascanueces, también representados por un ballet ruso. Fue magnífico! Y luego tuve la ocasión también de ver Giselle... y terminé llorando con la música final. Es el efecto que provoca en mí: se me ponen los pelos de punta y no puedo dejar de mirar a las bailarinas sobre sus puntas, me fascinan su elegancia, su fuerza contrastada con la sutilidad al realizar los pasos, haciendo cómo si todo fuese fácil y sencillo (Con lo que duele subirse en unas puntas!).
    Yo también soy como tú, Curra, soy más de este tipo de espectáculos, en mi caso por influencia familiar. Me han llevado a ver Zarzuela, he visto la obra de Agatha Cristie (tres ratoncitos ciegos) representada por Maria Luisa Merlo... mi asignatura pendiente también es la ópera :( Me encantaría ver la traviata al natural o madame butterfly... lástima que la representación que iban a hacer de Norma me cuadre en exámenes :(
    Lo que me da mucha pena es que se pierda la costumbre de subvencionar este tipo de espectáculos en el sentido de que es cultura y deberían poder apreciarlo todos. En Coruña, por ejemplo, recuerdo de niña haber ido, en las fiestas que conmemoran la liberación por Maria Pita de la ciudad asediada por los ingleses, en la plaza que lleva su mismo nombre, levantar un palco al aire libre y hacer representaciones de ballet, conciertos... que estaban a la mano de todos: el que puede pagarse una entrada en el patio de butacas, y el que quiere pero no puede. Hace ya muchos años que no lo hacen y me da mucha lástima.
    Me encantaría ver cómo ibas vestida para esta ocasión: yo soy de las que aprovecha para arreglarse un poco, para ir acorde con el ambiente y la decoración de los teatros :)
    Un beso enorme!!
    Patri.

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    1. Patricia tienes toda la razón en lo de las subvenciones. Da pena ver que se encontraba - ahora no hay para nada- dinero para cosas tontas y otras que sólo gustaban a cuatro modernos.
      En Asturias en la Laboral se dedicaron a traer teatro experimental y cosas de ese estilo y tuvieron que cambiar el rumbo porque no tenían gente. Y la Opera en Oviedo cada día recibe menos ayudas, pese a tener una de las mejores temporadas de España. Sin embargo para la de Bilbao o la de Barcelona, cada día dan más, está visto que lo de la igualdad sólo sirve sobre el papel.
      Añado un par de fotos con la ropa que llevaba. No se ve bien porque las sacamos a última hora y no se notan los hilos de plata que son los que le dan un aire más de fiesta al vestido. Llevaba zapatos cerrados - los salones plata - y el abrigo era otro negro más de vestir, pero hoy hacía calor y me pareció que el gris de H&M quedaba más propio

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  4. Curra es un placer conocer de tu mano el teatro Campoamor.Da gusto leer tus comentarios,nos haces vivir el momento,como si estuvieramos alli.Un saludo

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    1. Mil gracias Pepa, lo cierto es que me gustan mucho los espectáculos en vivo y me hizo ilusión comentarlo en el blog

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  5. ¡qué bonito el Ballet¡Nunca lo he visto en directo solo en la tele pero creo que merece la pena. Tu guapisima cómo siempre.Me encanta el abrigo. Y es verdad que los abrigos de verano en el norte son un comodin.
    Bss
    Gema

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  6. Gema el abrigo es de H&M lo vi un día que iba de paseo y me pareció tan mono que me lo probé, como me quedaba bien, me lo compró Julián y me fui con él, contenta como un niño con zapatos nuevos.
    Y el ballet en vivo es un espectáculo impresionante, si tienes ocasión no dejes de ver una función. Yo soy más partidaria del clásico, pero el moderno también tiene mucha fuerza y arrastra

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